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La chispa del Automovil
Aunque la mayoría de veces pasa inadvertida, la batería o acumulador es la
encargada de proporcionar energía eléctrica al sistema de arranque del
automóvil.
Pero también alimenta el equipo eléctrico del automotor cuando éste no tiene
suficiente con la corriente que es capaz de generar el motor a través del
alternador.
La electricidad que suministra la batería se produce a través de una
reacción química entre el plomo y el ácido que contiene en su interior. Su
funcionamiento se podría comparar al de una pila recargable, que vuelve a
tomar fuerza gracias a un sistema de recarga que proporciona el vehículo al
estar en marcha.
La capacidad de los acumuladores se mide en amperios-hora. Puesto que la
unidad de intensidad de corriente, el amperio, mide la rapidez con la que
fluye la corriente desde la batería, si una batería tiene una capacidad de
100 amperios-hora (Ah) quiere decir que puede suministrar una corriente de
100 amperios de intensidad durante una hora, o de 10 amperios durante 10
horas.
Para asegurar un rendimiento óptimo, el tamaño y capacidad de la batería
debe estar acorde con el equipo eléctrico del automóvil, es decir,
dependiendo del motor y de los sistemas eléctricos del vehículo, se utilizan
baterías de un determinado voltaje y amperaje.
Actualmente, la mayoría de las baterías que se utilizan en los automóviles
son sin mantenimiento, es decir, no necesitan comprobar el nivel de
electrolito (mezcla de ácido sulfúrico y agua destilada), ni reponerlo.
Estas baterías tienen unas placas y separadores entre electrodos diseñados
de forma especial para absorber el electrolito en vez de estar completamente
sumergidas en él. Así, se evita que durante la reacción química de
electrólisis, se produzca evaporación del electrolito.
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