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Una persona tranquila Por Karla Rímola Molina.
Es curioso cómo automáticamente
comenzamos a sentirnos más cómodos desde
el instante en que comprendemos que tenemos opciones.
Esto puede ser difícil de aceptar cuando estamos
bloqueados en una estricta rutina de trabajo, pero
es cierto que siempre tenemos opciones, sobre todo
en lo que se refiere a sentirnos tranquilos y satisfechos
con nuestro trabajo.
Las prioridades
La mayoría de las personas razonables
cree que el trabajo es un derecho básico, esencial
no sólo para cubrir las necesidades materiales,
sino también para la autoestima. Pero la filosofía
también tiene algo que decir.
Por un lado tenemos la creencia hindú
según la cual el trabajo es la forma más
pura de devoción a Dios (un concepto compartido
por muchas religiones). Por otro tenemos un sistema
de creencias más cercano que podríamos
describir como la ética del trabajo. Tal vez
algunos filósofos cuestionarán estas
simplificaciones, pero existen dos afirmaciones subyacentes
a esta ética del trabajo:
- El trabajo es noble.
- Cuanto más duro es el trabajo más
noble es.
Esto podría ser una filosofía
sensata y productiva para mucha gente.
Por lo general, ideal se acompaña
de todo un rígido sistema de adornos. Es lo
que podría llamarse la ética ampliada
del trabajo.
- Es posible que le resulte conocida:
- Cuanto más incómodo, más
noble es el trabajo.
- El ocio es una actividad inferior y tal vez menos
virtuosa.
- El jefe, ya sea un individuo, una corporación
o el estado, requiere obediencia simplemente porque
es el que paga.
Es evidente que esto es una corrupción
de la filosofía original. Es una construcción
paternalista, servil para los empleados, unas afirmaciones
que promulgan un compromiso servil de trabajar más
arduamente y durante más horas. Y lo que es
peor, este comportamiento de esclavo impera en el
entorno laboral, sobre todo entre aquellos a los que
se califica de "buenos trabajadores".
Casi todas las personas que viven según
esta ética casi nunca se han detenido a pensar
lo que ello implica o lo dañina que puede llegar
a ser. Con certeza no es de sorprenderse al saber
que el grado de estrés en el entorno laboral
aumenta en proporción directa el grado de compromiso
con este ideal.
El compromiso servil hacia cuestiones
o ideales vagos o abstractos pertenecientes a organizaciones
o instituciones, rara vez redunda en el beneficio
propio.
Las circunstancias
A riesgo de caer en una simplificación
excesiva, podríamos decir que se tienen dos
opciones en lo referente a las situaciones estresantes:
puede cambiar las cosas que le provocan estrés,
o cambiar la forma de verlas.
Los consejeros del tratamiento del estrés
se concentran en intentar mejorar el entorno laboral,
modificar actitudes de la dirección, redefinir
las responsabilidades en el trabajo o dando más
poder a los empleados. No son malos ideales, pero
están limitados por el hecho de ser precisamente
ideales. Promueven cambios estructurales que pueden
ser imposibles o demasiado lentos.
Cambiar las circunstancias que nos provocan
estrés no es fácil. Tampoco lo es cambiar
de jefe, que lo trasladen a otra ciudad, o puede resultarle
difícil convertirse en programador informático
cuando hasta ahora ha sido mecanógrafo.
Tampoco es buena idea dejar un trabajo
bien remunerado sólo porque no le gusta a su
superior inmediato. La opción más práctica
es cambiar, no las circunstancias, sino la forma de
verlas. Nadie puede decir que es fácil cambiar
viejos hábitos y actitudes, pero si lo es la
forma de percibir aquellas situaciones que le incomodan
y dejar de ser una víctima del estrés
para convertirse en una persona tranquila.
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