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04/02/12 - 00:00 Economía

Juguemos a ver quién parece más rico

Ese es el nombre del juego que muchos, insensata e imprudentemente, juegan. Se esfuerzan por comprar cosas y en gastar en todo aquello que puedan lucir y les haga parecer más ricos de lo que realmente son, solo para querer impresionar a los demás.

EDUARDO PALACIOS Finanzas Personales y de Lugar

Compran con dinero que no tienen, para obtener algo que no necesitan, teniendo que recurrir al crédito fácil que les ofrecen los negocios que venden artículos o servicios que los hará lucir como personas de éxito económico. Esa es su fantasía. Pero su realidad es otra y más tarde o más temprano pagarán caro su falsa prosperidad.

Viajan a lugares turísticos, comen en sitios caros, compran marcas y se dan gustos fuera de sus posibilidades reales de gasto. Su tabla de salvación, para lograr ese propósito, es el uso de tarjetas de crédito que les permiten pagar su participación en el juego, a través de lo que ellas prestan. Logran mantener su participación en el juego con dinero ajeno que después deben pagar y para ello tienen que esforzarse en trabajar más.

En ese juego, el cual también lo juegan personas pobres, son los de la clase media quienes más lo acostumbran jugar. Su entusiasmo por jugarlo no tiene límites y nunca se cansan de hacerlo, hasta que despiertan a la realidad de una crisis económica provocada por su endeudamiento. Lo peor del caso es que quedan con nada en sus manos. No se endeudan por bienes que les incremente su patrimonio y les genere ingresos; se endeudan por cosas que cada día valen menos. Sus adquisiciones se convierten en falsos logros que a la postre les traerán serios problemas a su economía y a su vida personal y familiar.

Cuando el juego rebasa sus posibilidades de pagar los compromisos contraídos con sus acreedores, viene la crisis y el despertar a una desagradable y muy incómoda realidad de tristes resultados.

La lección a tomar es esta: si la persona gasta más de lo que ingresa usando dinero prestado para aparentar un nivel mayor, inevitablemente le llevará a endeudarse y a la pobreza, teniendo que trabajar para enriquecer a sus acreedores. Por el contrario, gastar menos de lo que ingresa llevara a acumular un capital propio y a vivir una vida en paz, lo cual permitirá disfrutar de salud y bienestar. Si algún amable lector está metido en el juego, puede tomar una sabia decisión y salir de el hoy.


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