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01/02/12 - 10:37 Cultura

Como me lo contaron te lo cuento

Sus libros “La calle donde tú vives ” son el best- seller de Guatemala y el programa radiofónico del mismo nombre (sobre leyendas e historias de espantos) existe desde 1967. Al conversar con él, más parecía que sintonizamos la radio a la hora exacta. Las preguntas salen sobrando.

POR: GUSTAVO ADOLFO MONTENEGRO

Por estos días, aquel niño que soñaba con subirse a la Torre del Reformador en compañía del Sombrerón, se pregunta con preocupación si alguna marca comercial se animaría a seguir  patrocinando su (literalmente) legendario programa, que ya lleva 35 años de existir, pero que en diciembre podría salir del aire.

Aunque tiene oyentes hasta en el sur de México, Héctor Gaitán no sabe si ya llegó al tope de su calle: padece dificultades al caminar, debido a una vieja lesión en la columna vertebral, lo cual se suma al dolor del reciente fallecimiento de su esposa y uno de sus hijos.

Optó por grabar los programas en CD. Tuvieron mucha aceptación, sobre todo entre quienes deseaban enviar a sus familiares en EE.UU. algo de la tradición oral de Guatemala. Sin embargo, la piratería se encargó de devorar las pocas ganancias que obtenía. Pese a todo, sigue adelante.

Su voz sigue nítida y las preguntas se desvanecen como los fantasmas.

¿...?

La piratería me ha hecho un gran daño: ya no se vendieron los discos originales. La gente no sabe el perjuicio que me hace al  comprar copias ilegales. Fui a poner la denuncia al Ministerio Público y no me hicieron caso. Fui tres veces.

¿...?

Claro. Todavía se transmite. La Stereo 100 FM, de Quetzaltenango lo pasa de 7 a 7 y media de la noche, pero el contrato termina en diciembre. Por casi cuatro años lo patrocinó una marca de cemento. Tenemos audiencia en todo el Occidente de Guatemala, también el sur de México. Recibo cartas de Tapachula, Cacahuatán, Ocosingo, Puerto Madero, Ciudad Hidalgo.

¿...?

Me nació la vocación porque me crié en un barrio obrero, en la 22 calle de la zona 1. Había muchos señores, de esos de antes, que contaban chistes y anécdotas de aparecidos. Decían que cerca de la línea (férrea) espantaban. Quizá porque mucha gente se suicidaba lanzándose a las ruedas del tren o desde el Puente de las Vacas.

¿...?

Después de 10 años de exilio en México, llegué a trabajar a la radio La voz de las Américas . Había una radio-revista en la cual cada locutor tenía un segmento de tres minutos, ¡cinco si era bueno! Yo pedí a los oyentes alguna carta con historias de espantos y ¡empieza a llover correspondencia! Fue tanto el éxito que el director me subió a 15 minutos y después otros 15, hasta llegar a una hora. Era el año 1967.

¿...?

La calle donde tú vives. Ese nombre salió de Juan Alberto Escobar que trabajaba como grabador y  musicalizador.

¿...?

Yo nací en una casona que ya no existe, donde hoy queda la Escuela Nacional de Educación Física. La compró mi papá en la época de don Lázaro Chacón, quien dio facilidades a la gente que se había quedado sin casa desde el terremoto de 1917.

¿...?

Era travieso usted. Estudié en la Casa Central, pero por malas juntas me volví patojo problema,  nsoportable. Me expulsaron y pasé a otra escuela, pero me iba de capiusa, a nadar a Ciudad Vieja. Me sacaron. Pasé a la escuela República del Paraguay y a la del Perú.

¿...?

Pues sí... (risas) pasé por toda Latinoamérica en la escuela. Pero mi papá, un gran hombre, nunca me pegó. Me aconsejaba. ¿Yqué hacemos ahora m´ijo?, me preguntaba. Me tuvo que poner en la escuela nocturna. Fue a poner la cara por mí, a humillarse, porque la nocturna era para adultos, obreros, no para niños. Pero viera qué buenos maestros.

¿...?

En el gobierno del general (Miguel) Ydígoras Fuentes nos metimos a babosadas, hacíamos  manifestaciones y me tuve que ir a El Salvador. Después a México. En México estudie cursos de periodismo, locución.

¿...?

Pues fíjese que no era bruto. Años después, pude tratar al general Ydígoras y era un gran amante de la historia, un tipo muy culto. Cuando él regresó de su exilio, me invitaba a su casa y una vez me dijo: “Fíjese, Héctor, que cuando yo era presidente y me pasaban los informes, me llegaba información de un patojo moreno, alborotador, de apellido Gaitán. ¿No sería pariente suyo? ” ¿Sabe qué general?, le contesté. Era yo. Risa le dio.

¿...?

Gracias a la radio conocí a presidentes como don Julio Cesar Méndez Montenegro, a (Kjell Eugenio) Laugerud, cuando yo estuve en canal 7 en el programa Estudio Abierto , con Mario Solórzano Foppa durante 9 años. Otro que era gran persona y me contaba muchas anécdotas era Manuel Colom Argueta. Una vez quedamos de reunirnos y al poco tiempo lo mataron ( 1979 ).

¿...?

Con tanta muerte violenta tenía que haber aparecidos. Hay un caso de una señora que se le perdió un hijo y lo buscaron. No apareció. Tenía inquilinos en su casa y también un mudito que sólo por señas se hacía entender. Una mañana llamó a la señora y le pidió un papel. Escribió: “Tu hijo esta enterrado en Escuintla, buscalo”. ¿Y vos cómo sabés eso?, le inquirió . Por fin fue a Escuintla y en la morgue le mostraron fotos. ¡Cabal! allí estaba el hijo, aunque había muerto de intoxicación alcohólica.

¿...?

Hay gentes quemehan dicho que en la carretera entre San Marcos y Quetzaltenango pasa una camioneta, de madrugada. Si le hacen señal de parada, viene el ayudante y dice a la persona: “Todavía no le toca”. Lléveme por favor, que voy preciso, le insisten. “No, mejor espere la otra”, arranca y se va. Cuando sí deja subir a la persona, a los pocos días, esta fallece, porque sí le tocaba: es la camioneta de la muerte.

¿...?

Bueno, sí. Ahora andar en cualquier camioneta es un atentado...

¿...?

Desde niño me gustaba la clase de Historia. En la escuela nocturna había un profesor que daba esa clase extraordinariamente.

¿...?

Pues sí, soy más bien autodidacta  No soy un académico, aunque tuve la oportunidad en la  universidad Francisco Marroquín, allá por 1976. Lamentablemente no culminé mis estudios, porque ya uno con familia tiene que ver qué lleva de comer a la de casa.

¿...?

Es una lástima que en el Centro Histórico hayan caído tantas casas y con ellas las anécdotas y datos curiosos, como la muerte del presidente Jose Maria Reyna Barrios, que fue en la 8ª. calle, frente a la casa numero 8, a las 8 de la noche, con un revólver 38.

¿...?

Cuando la gente salía de la última función de los cines, en la década de 1950, se iban a ver vitrinas por toda la 6ª. avenida. Se apagaban las vitrinas hasta la una de la mañana. Ahora, todo eso es un mercado largo y feo.

¿...?

Pues viera que a mí nunca. Sólo una vez pasó algo inexplicable, justo en esta casa (barrio La Recolección, zona 1). Mi hijo Héctor, él que murió hace poco, estaba pequeño. En la esquina vivía una señora, hermana de la madrina de él. Yo venía de la calle con dolor de estómago, entré a la casa y me metí al baño. Mi esposa estaba durmiendo con el nene y a mí me fue pasando el dolor. Tomando un vaso de agua estaba cuando ¡cabal! se oyó que cayó y rebotó un cinco (canica) ¡plac!, ¡plac!,¡plac! De aquellas chibolonas. Oí que rodó y topó. ¿Será posible que Héctor Pavel se haya levantado y esté jugando? Pero él estaba dormido y además estaba muy pequeño. Mientras, mi esposa ya se había levantado. ¿M´ija no oíste ese cinco? “Sí -me dijo ella- Pero no hay nada”. Al ratito vinieron a tocar la puerta, era doña Paquita, la madrina de los patojos, a avisar que su hermana se acababa de morir.

¿...?

Pues quiero escribir novela, tengo una historia en salmuera, no sé si para participar en algún concurso internacional. Llevo casi un año escribiéndola, porque me ha tomado mucha investigación. Es una novela de carácter histórico, de un personaje que muchos guatemaltecos han oído hablar.

¿...?

Yo creo que las leyendas siguen. Sí se han transformado. Y no son el Sombrerón o la Siguanaba, pero hay nuevas formas de misterio. De hecho, la Siguanaba es un personaje precolombino, no es un fantasma que trajeron en sus barcos los españoles. La Ziguanahuatl de los aztecas se convirtió en la Siguanaba. Además a la gente le sigue interesando el tema. Por ejemplo, la otra vez hicimos una transmisión desde el barrio que está frente al cementerio de Salcajá, Quetzaltenango. Se llenó, era una multitud y Pepe Ralón, de la FM 100, amplió la transmisión a 4 horas.

¿...?

Lo de Ébano es un seudónimo que he usado en algunos de mis libros. Mi familia era más bien blanca y a mí, por moreno, un mi tío me puso Ébano, por cierta clase de madera oscura. Mis primas me molestaban por eso, pero ahí es donde le digo que yo era jodido también. Fíjese que para que no anduviera molestando me ponían en un balcón de la ventana que daba a la calle. Era ya la época de la Revolución y andaban brigadas de Sanidad buscando a la gente que tenía piojos para raparla. En fila ponían a la gente para pelarla porque había una epidemia de tifus. Pues venían mis dos primas, una de ellas, que ahora vive en Venezuela, me dijo: Héctor ¿y allí que están haciendo? Están regalando dulces, le dije yo. Sí, dijeron y fueron a ver. ¡Já! Las dejaron bien pelonas, todas trasquiladas...


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