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12/02/12 - 00:00 Internacionales

Inseguridad amenaza el carnaval brasileño

A una semana del famoso carnaval que atrae a millones de personas a Brasil, las escuelas de samba, la zona hotelera y comerciantes están preocupados por la huelga policial que conlleva inseguridad y amenaza esa fiesta de pasiones.

Los miles de policías de Bahía y Río de Janeiro llevan más de una semana de paro, en reclamo de aumento de sueldo. Las autoridades tratan de acelerar las negociaciones con los agentes en huelga, para poner fin a la paralización antes del Carnaval, festividad que atrae a miles de turistas.

Desde el inicio de la protesta, los crímenes se dispararon y han dejado más de 120 muertos, más del doble del promedio habitual, sobre todo en Salvador de Bahía.

Para Brasil es importante mostrar una imagen de seguridad y desarrollo, ya que tiene a las puertas dos actividades: el Mundial de Futbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016.

Las secuelas no tardaron en llegar. La Embajada de EE. UU. en Brasil recomendó a sus ciudadanos aplazar los viajes no esenciales a Bahía hasta que se resuelva la violencia que ha afectado sobre todo a Salvador, una de las 12 ciudades que acogerán el Mundial.

El sociólogo Emilson Lopes Junior asegura que el problema no es solo en Bahía y Río de Janeiro. Ya hubo movimientos serios de huelga policial en otros estados como Ceará y Maranhão.

La crisis de seguridad tiene un trasfondo político y otro sociológico. La parte política es que hasta ahora la seguridad pública dependía de gobiernos locales que han sido incapaces de resolverla.

Brasil tiene una de las mayores tasas de homicidios del mundo —unos 50 mil por año, según el Ministerio de Justicia—; dos tercios cometidos con armas de fuego. A esta violencia se agrega la impunidad de los criminales y la corrupción policial.

Mala paga

El tema sociológico es también doble: los policías en Brasil están mal formados y ganan poco para el riesgo que supone la profesión. Por ello quizás son de los que más matan en el mundo, según Lopes Junior.

Los agentes caen con facilidad en la tentación de la corrupción, y en ocasiones llegan a vender armas a los narcotraficantes.

“Tenemos un problema histórico de baja remuneración. Hubo promesas hechas durante la campaña electoral y luego la presidenta Dilma Rousseff retrocedió. Esto generó insatisfacción en la Policía”, refiere Sandro Costa, de la ONG Viva Río, que milita por la paz y el desarrollo social.

El gobierno federal teme que la huelga se agudice en Bahía y Río de Janeiro y se extienda a Pará, Paraná, Alagoas, Espirito Santo y Río Grande do Sul.

Para analistas políticos, el tema de la seguridad y de las reivindicaciones de la Policía no se puede dejar en manos de los Estados, y debería ser responsabilidad del gobierno federal.

La protesta expone la fragilidad institucional de Brasil, que espera consolidar su papel como sexta economía del planeta con la celebración del próximo Carnaval de Río de Janeiro, del 18 al 20 de febrero; la organización de la Copa Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016.


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