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12/02/12 - 00:00 Internacionales

Rara afección mata a cañeros

Chichigalpa.- Una misteriosa epidemia de deficiencias renales está devastando la costa pacífica de Centroamérica donde se siembra la caña de azúcar, y ha matado a más de 24 mil personas tan solo en El Salvador y Nicaragua desde el año 2000.

Hay quienes culpan a los pesticidas, pero las causas podrían ser más complejas y estar relacionadas con los hábitos de trabajo de los empleados.

Los síntomas usuales de la enfermedad renal crónica —hipertensión arterial o diabetes— de quienes adquieren este rara afección se observan en que comienzan a envejecer prematuramente y sus riñones dejan de filtrar los desechos y las toxinas de la sangre y los líquidos corporales. Así, un muchacho de 19 años con esta mal podría tener el aspecto de un adulto avejentado.

Los países donde se concentra el mal son Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, con 41 por ciento, 27 por ciento, 26 por ciento y 16 por ciento respectivamente, de los casos reportados.

La situación cobró una gravedad tal que la ministra de Salud de El Salvador, María Isabel Rodríguez, pidió ayuda internacional en el 2011, diciendo que la epidemia desbordaba el sistema de Salud.

Jesús Ignacio Flores de Chichigalpa, Nicaragua, comenzó a trabajar a los 16 años. Pasaba largas horas en sitios de construcción y en los campos de la plantación de caña de azúcar más grande de su país.

Hace tres años, sus riñones comenzaron a fallar; llenaban su cuerpo de toxinas. Luego de una rápida agonía, falleció el 19 de enero último en el patio de su casa, a los 51 años.

Jason Glaser, cofundador de una agrupación que ayuda a las víctimas del mal renal en Nicaragua, dijo que él y sus colegas también saben de casos ocurridos entre trabajadores de plantaciones de Australia.

A pesar de que hay un consenso cada vez mayor entre los expertos, Elsy Brizuela, una doctora que trabaja con un programa salvadoreño que trata a los trabajadores e investiga la epidemia, da por descartada la teoría de la deshidratación e insiste en que “todos los afectados han trabajado expuestos a los venenos, los herbicidas que se usan en los cañales”.


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