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17/10/10 - 00:00 Nacionales

Gesta legendaria con ideales inconclusos

La Revolución del 20 de Octubre de 1944 representa para académicos y analistas políticos un acontecimiento histórico sustentado por nobles objetivos, que se fueron diluyendo debido a que sus postulados fueron desvirtuados por la clase política que ha gobernado el país a partir de 1954.

POR FRANCISCO MAURICIO MARTíNEZ

Alfonso Bauer Paiz, quien fue ministro de Economía y trabajó durante el primer gobierno de la Revolución, encabezado por Juan José Arévalo (1944), manifiesta: “Para mí no queda nada de este movimiento, que acabó con el régimen liberal y dictatorial de Jorge Ubico”.

Según Bauer, los principios de esa gesta terminaron de caer desde finales de 1980 y principios de 1990, cuando Estados Unidos impuso el sistema neoliberal en el país, “el cual propone la competitividad y suprime al débil frente al más fuerte, con lo cual no comulga la Revolución”.

Añade: “Nuestra agenda política era proteccionista y favorecía al empresario nacional ante el extranjero”.

De acuerdo con expertos en la historia política del país, los planteamientos de este proyecto fueron destruidos desde el mismo momento de la Contrarrevolución de 1954, que encabezó el coronel Carlos Castillo Armas con el apoyo de Estados Unidos.

“Todo esto ha sido reconocido por el gobierno estadounidense, al punto que el presidente Bill Clinton le ofreció disculpas a Guatemala, por lo que había hecho su país en 1954, con la intervención de la Central de Inteligencia (CIA)”, refirió el historiador de política y ex procurador de los Derechos Humanos Jorge Mario García Laguardia, quien resalta que durante los gobiernos de Juan José Arévalo (1945-1950) y Jacobo Árbenz Guzmán (1950-1954) surgieron instituciones que tenían como objetivo el beneficio de la sociedad, como el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, y legislación, como el Código de Trabajo y el escalafón magisterial.

Según García, ninguna de estas instituciones tiene la solidez con que fueron concebidas, debido a que se ha destruido el Estado, se ha ampliado la desigualdad social y la corrupción campea. “Todo el programa revolucionario fue interrumpido”, afirma.

¿Realmente fue una revolución?

Según el analista Héctor Rosada, este suceso no fue una revolución, porque estos movimientos cambian estructuras y plantean un rumbo diferente para los países.

“El 20 de octubre fue una gesta cívica que de alguna manera ratificó el sentir antiautoritario frente la pretensión de Federico Ponce Vaides de tomar el poder por la fuerza, que al final, devino en un proceso cívico ciudadano que llevó a la elección de Arévalo”, explica Rosada.

Agrega que este primer gobierno, encabezado por Arévalo, sentó las bases de la etapa reformista, la cual debía profundizar Árbenz, pero ello no se concretó.

Aunque la agenda del gobierno revolucionario contempló una reforma social dirigida a la clase desposeída, hubo algunos aspectos que no fueron contemplados en su verdadera dimensión.

El ex vicepresidente Eduardo Stein opina que la principal carencia “en el corazón de la agenda revolucionaria” fue lo relacionado con la exclusión de los pueblos indígenas, no porque no se incluyera, sino porque no fue un tema central.

¿Es un mito?

El académico Armando de la Torre considera que La Revolución de 1944 en la actualidad es un mito, debido a que las revoluciones, en general y en todos los países, crean privilegios, lo cual origina que los beneficiados sigan añorando estos logros.

Explica que, por ejemplo, quienes se favorecieron con la Revolución de Octubre la mitifican, lo cual también sucede con los derechistas que apoyaron el alzamiento de 1954, que encabezó Castillo Armas.

Sin embargo, añade que tanto los de izquierda como los de derecha se opusieron a los proyectos de reforma profunda a la Constitución Política de la República, porque eliminaba los privilegios para ambos grupos.

Antes y ahora

En lo que coinciden los expertos es en que durante la llamada Primavera Democrática se vivió una apertura social, política y cultural.

Edelberto Torres-Rivas, investigador social del Programa de las Naciones Unidas, expuso que la diferencia entre ese período y la actualidad es en aquella época hubo una democracia apoyada con plena participación popular, mientras que ahora hay bastante restricción a la participación de la población. No obstante, el presidente Arévalo, a quien se idealiza por su decidido impulso a la educación, restringió varias veces la libertad de prensa.

El abogado Arnoldo Ortiz Moscoso considera que este fue un verdadero movimiento que involucró a todos los sectores, como universitarios, trabajadores, profesionales, militares y población civil tanto urbana como rural.

Por ello Stein asevera que no es correcto que alguien —sea gobierno o partido político— usurpe, con afán publicitario, la herencia del planteamiento revolucionario pretendiendo adueñarse de este, o asumirlo como propio y exclusivo, tan solo por utilizar mantas, íconos, o rostros de personajes vinculados a ese período histórico.


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