20/06/10 - 01:13 Nacionales

Municipalidad ignoró consejos de expertos

Ingenieros dicen que el colapso de pozos de registro y de construcción de los colectores pudo haberse evitado con la supervisión oportuna de la red.

La falta de supervisión exhaustiva  y de  mantenimiento a los pozos de registro —de visita—, en  un sistema de colectores que data de las décadas de 1970 y 1980,  podrían ser las causas de   los hundimientos  de Ciudad Nueva, zona 2, y   barrio San Antonio, zona 6.

Según expertos, desde 1986 no se prestó atención a los reguladores de caudal, los cuales  rellenaron los habitantes e incluso  construyeron sobre esos terrenos, y eso impide    la expulsión de  excesos de agua y la salida de gases.
Tampoco se atendieron estudios y consejos que surgieron a partir del hundimiento  en el barrio San Antonio, zona 6, en febrero del 2007. Uno de ellos es  el Informe de diagnóstico geológico-técnico, del Consejo Científico de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), el cual considera que “el hundimiento puede ser el resultado de un proceso de erosión subterránea extensiva que afectó inicialmente las paredes inferiores del pozo de visita y luego se extendió al material piroclástico circundante”, hasta formar una gran caverna.
Ese consejo científico, integrado por representantes del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología; la Conred, la Sociedad Geológica de Guatemala y  la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos, fue explícito al recomendar la evaluación de “oquedades en todo el sistema de colectores de la Ciudad de Guatemala, ya que las condiciones que ocasionaron el problema de la zona 6 podría repetirse en otros lugares”.
Fue un presagio cumplido, porque poco  más de tres años después y a tan solo dos kilómetros  de la tragedia ocurrió lo que temían los expertos.

Las causas

Hay  diferencias en las teorías de los expertos, pero todos coinciden en un aspecto para ellos fundamental:   no se supervisó técnicamente el sistema de colectores.
  Maximiliano García, ingeniero que ha estudiado con detenimiento estos fenómenos, atribuye el colapso a rajaduras en las uniones del colector y en los pozos de registro, las cuales, con el paso del tiempo, se hicieron más grandes por las correntadas de agua durante el invierno, microsismos y   vibraciones causadas por el transporte pesado.
Las aguas, debido a la presión,  buscan una salida, y la encuentran en el  pozo de registro, por lo que suben en forma de remolino y erosionan   el suelo durante varios años.
 Este fenómeno crea una gran caverna, y cada vez que hay un desprendimiento de tierra —que es estruendoso—,  esta es arrastrada por el agua que fluye por el colector. De ahí  los retumbos que escuchan los vecinos.
Habitantes de la zona 6 comparten esta explicación y lo demuestran con lo que desde hace tiempo ocurre  en un pozo de la 13 avenida  y 6a. calle, esquina, por donde  sale agua  del colector, con tal fuerza que lanza la tapadera.
 A raíz de esto, la municipalidad colocó unos rieles, a manera de rejas, pero ocurrió lo mismo. El viernes recién pasado instalaron tapaderas redondas de metal, con agujeros; sin embargo, Manuel Ramírez, residente del sector, advierte que  “va a  pasar lo mismo”.
Manuel Urrutia, ingeniero que supervisó la construcción de esta red entre 1975 y 1985,   sostiene que el problema lo originan los gases que producen  las aguas servidas, sobre todo  durante el verano —el hundimiento del barrio San Antonio ocurrió en febrero—. 
  Estos vapores se mantienen a presión, debido a que los reguladores del caudal están tapados, lo cual  impide que salgan.  Como consecuencia, suceden implosiones que destruyen y aflojan la tierra   alrededor de los pozos, a lo cual también contribuye el agua. Cada año que transcurre, la caverna se hace más grande, hasta colapsar, explica.
La tesis de Urrutia la respaldan personas que residen cerca  del pozo  que fue revisado el viernes por empleados de la municipalidad,  quienes aseguran que durante la época seca, la tapadera se mueve  impulsada por gases, y se perciben olores desagradables.
Otros expertos consideran una tercera hipótesis,  pues debido a la composición del suelo —arena pómez y otros materiales volcánicos—  se forman bolsas de aire que, por la humedad, ocasionan derrumbes internos.
Más allás de las teorías, para los vecinos la zozobra no termina, y temen que debido a la negligencia edil ocurra de nuevo lo que los científicos auguraron  hace  tres años: “podría repetirse en otros lugares”.


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