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01/08/10 - 00:00 Nacionales

País pierde TALENTOS

El Instituto Curie (París), especializado en investigación sobre el cáncer, abrió sus puertas hace un año a Karla Pérez Toralla, guatemalteca de 24 años, para que trabajara en una tesis doctoral en nanotecnología.

POR CAROLINA GAMAZO

Actualmente, Toralla está inmersa en un proyecto de investigación que consiste en crear columnas magnéticas a nivel microscópico, para insertarlas en las venas, con el objetivo de que las células tumorales circulantes queden atrapadas.

“El colegio me dio la oportunidad de irme a estudiar a otra universidad, y como aquí no hay tantas posibilidades para investigar, decidí irme”, explicó Toralla al exponer su ponencia en el quinto encuentro Converciencia, organizado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, que ha permitido que científicos guatemaltecos que trabajan en el extranjero compartan experiencias y avances obtenidos en sus respectivas disciplinas... en el extranjero.

Como Karla, son muchos los guatemaltecos talentosos que deciden abandonar el país para ampliar sus conocimientos y dedicarse a la investigación. Según un informe rendido en 2009 por el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (Sela), un 25 por ciento de población cualificada se encuentra fuera del país —98.301 personas—, y de 1990 a 2007 el porcentaje de personal cualificado en el extranjero aumentó en 196.4 por ciento.

Poca inversión, poca oportunidad

Con un aporte a la ciencia y tecnología del 0.006 por ciento del PIB y apenas 200 proyectos de investigación realizados desde 1996, marcharse a otro país es la única opción para estas personas. A ello se agregan sueldos incompatibles con sus currículos, falta de oferta de posgrados, y si deciden regresar, los trámites burocráticos hacen lenta y tortuosa su incorporación profesional en el país.

Este tipo de trámites hicieron que Byron Tomás Calgua, licenciado en Microbiología por la Universidad de Cuba, abandonara Guatemala.

“Cuando regresé de Cuba intenté incorporarme a trabajar en una institución del Estado, pero me topé con el problema de que quienes nos graduamos en el exterior, al regresar tenemos que hacer un trámite que se llama “incorporarse”, que obliga a realizar un servicio social de dos años”, explica.

Así, tras haber recibido la oportunidad de trabajar una tesis doctoral en España, Calgua se marchó a la Universidad de Barcelona, donde actualmente efectúa una investigación consistente en detectar los virus en el medioambiente.

Calgua explica que Guatemala cuenta con datos de interés para otros países y que resulta necesario fortalecer la ciencia para atraer financiamiento extranjero. “Con solo que nos aseguren un puesto en una institución de prestigio, yo creo que muchas personas nos sentiríamos capaces de atraer fondos y proyectos, porque venimos con muchos contactos”, explica.

Incentivar el regreso al país

Entre las soluciones, Calgua pone como ejemplo la práctica efectuada en España. “Ofrecen becas y un espacio en una institución, y te dicen: ‘te voy a dar tanto dinero para que realices la línea de investigación que estás haciendo, pero en España’”, agrega.

Por su parte, Rafael Fernández propone una mayor conexión con la iniciativa privada. “En otros países del mundo hay mayor conexión entre la iniciativa privada, la universidad y el Gobierno, y creo que eso necesita fortalecerse más, porque sería una buena fuente de recursos”, indica.

Este científico, que investiga la relación entre los tumores y el sistema inmune, en la Universidad de Louivulle, Kentucky, considera que una mayor apuesta por la ciencia contribuiría al desarrollo del país. “Los países que han apostado por desarrollar la ciencia y la educación, como Singapur, Taiwán y la India, están mucho más avanzados, y esto lo tendría que hacer Guatemala”, afirma.

Esta misma convicción es compartida por Concepción Toriello, guatemalteca y licenciada en Química y Biología por la Universidad de San Carlos, que, sin embargo, lleva ya 35 años de aportar sus conocimientos a la investigación de micología, hongos y patógenos en la Universidad Autónoma de México.

“Una inversión fuerte en ciencia y tecnología nos ayuda a resolver los problemas inherentes al país, problemas de Guatemala”, enfatiza.

Sin embargo, la inversión para ciencia en Guatemala, en la actualidad, es inferior a la aprobada hace nueve años. “En 1992 se creó el fondo nacional de ciencia y tecnología, decreto 73-92, en el que se aprobó un fondo de Q15 millones. En el 2010 solo hemos recibido Q12 millones”, explicó Rosa María Amaya, secretaria nacional de Ciencia y Tecnología.

Falta de educación superior

El motivo que llevó a marcharse a Paola Rivera, licenciada en Bioquímica por la Universidad del Valle, fue el interés en ampliar su formación mediante una maestría, la cual obtuvo en la Universidad VII de París. “Cuando hice las prácticas en el laboratorio me propusieron hacer el doctorado, y me quedé”. Actualmente trabaja en un proyecto consistente en la recuperación del ADN durante el desarrollo del sistema inmunológico adaptativo.

“Creo que la gente se marcha porque quiere hacer maestrías o doctorados que en Guatemala no hay; entonces, estando allá, si encuentra posibilidades se queda”, explica Rivera.

Como forma de rescate, apunta la necesidad de implicar a la ciudadanía en la importancia de la ciencia. “En otros países los financiamientos son donaciones de ciudadanos. Se trata de implicar más a la ciudadanía sobre la importancia de la investigación”. Agrega la importancia de impulsar la conexión entre industria, hospitales y universidades.

Para regresar, igual que sus colegas, a Rivera le gustaría lograr un puesto de investigación a tiempo completo y un sueldo acorde a su formación.

“Ellos van y se capacitan. Sacan el doctorado, pero cuando vienen no encuentran trabajo. Ese es el mayor problema”, explica Amaya.

Sin embargo, el interés de los estudiantes guatemaltecos por el área científica sigue siendo muy inferior al suscitado por las ciencias sociales, con menos de un 20 por ciento de jóvenes que optan por este tipo de licenciaturas. “Debemos desarrollar una cultura científica en el país, despertar la curiosidad por la ciencia”, opina Karla Pérez.


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