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25/10/10 - 00:00 Nacionales

Prefieren trabajar con abejas

Los hermanos Juan Manuel, de 7 años, y Esdras Samuel Del Cid García, de 11, madrugan todos los días para acompañar a su padre, Santiago, al área rural de Santa Rosa de Lima, para atender 175 colmenas. Ambos niños saben trabajar con abejas. “Me encargo de alimentarlas y limpiar las cajas de los enjambres”, dijo Manuel, quien al igual que su hermano ya no asiste a la escuela.

La situación de los hermanos Del Cid ilustra el problema de deserción escolar que afecta a Santa Rosa, fenómeno que pese a la publicidad del Gobierno sobre su política educativa, se ha incrementado en este departamento en los últimos años.

Para justificar el hecho de que no acuden a la escuela, los niños argumentan que no les gusta levantarse temprano; sin embargo, sus padres no necesitan obligarlos para que se levanten a las 4 horas para ir al colmenar.

Juan Manuel contó que prefiere dar de comer a las abejas y limpiar las colmenas que estar en la escuela. Contento, relató que cinco veces por año colabora en la labor de castrado de las colmenas.

“Me han picado varias veces, pero no les tengo miedo. Ni siquiera me pongo el protector cuando trabajo con ellas”, afirmó.

Inscritos

Los padres de Juan Manuel lo inscribieron este año en primer grado, en la escuela Oficial de Santa Rosa de Lima; sin embargo, desde hace tres meses dejó de asistir. “Me gusta más estar con las abejas”, comentó el niño, quien también dijo que sus compañeros de clase se burlaban de las cicatrices que le quedaron de las intervenciones quirúrgicas para corregirle el labio leporino. Debido a ello no pronuncia correctamente algunas palabras.

Aunque su hermano no fue perjudicado por esta enfermedad, expuso que dejó de asistir a clases cuando cursaba primer grado, ya que sus compañeros de clases lo molestaban demasiado. “Además, los maestros pedían muchos útiles escolares y mi papá a veces no tenía dinero para comprarlos”, aseguró.

“Ahora que ya sé cómo trabajar con abejas, prefiero cuidar los enjambres que regresar a la escuela”, agregó.

Rosa García, madre de los dos niños, expuso que le da pena que la gente piense que ellos no permiten que sus hijos vayan a la escuela, pero son ellos los que ya no quieren estudiar.

Otra versión

La maestra Otilia Meda, quien imparte el primer grado en la citada escuela, cuenta otra historia. Juan Manuel es un niño bastante activo, y no son sus compañeros de clases quienes se burlan de él, más bien, le temen porque le gusta pelear con ellos, explicó.

Cinco veces fue sorprendido cuando golpeaba a otros niños, por lo que Meda pidió la presencia de los padres. Quien solía llegar era la madre, pero la quinta vez ya no apareció, y el niño tampoco, añadió la maestra.

Santiago, el padre, aseguró que el año entrante volverá a inscribir a sus hijos y los obligará a que asistan a clases.

La profesora aplaudió estas declaraciones, sin embargo, es difícil que Santiago cumpla lo prometido, ya que ha procreado 16 hijos, en dos matrimonios, y ninguno de estos ha concluido la primaria, pese a que vive en la misma cuadra de la escuela.

POR OSWALDO CARDONA / Santa Rosa

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