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Opinión

Guatemala en estampas

Se dice que Guatemala tiene bellos paisajes, pero a medida que pasa el tiempo la única constancia que nos va quedando son las postales empolvadas que venden afuera de Finanzas Públicas y lo que vemos a lo lejos desde las carreteras. La naturaleza hay que palparla, sentirla, olerla, pero no podemos transitar libremente por nuestros bosques. El interior del país está encapsulado. Hay varias naciones adentro de una.

Juan Carlos Lemus

JUAN CARLOS LEMUS

Debido a la desconfianza causada por la guerra, la posguerra, el narco y las pandillas, las comunidades se blindan como pueden, pero bajo esa justificación algunas han cometido atrocidades, linchamientos y otras iniquidades tan brutales como aquellas de las cuales se blindan.

Quien quiera caminar más allá de aquel cerro, por un río de occidente o vagar por las veredas de aquella montaña, se expone a ser acusado de ladrón de niños o de violador. Muchas de esas imputaciones acaban en linchamientos o en humillantes castigos.

Los peñascos y nacimientos de agua, ¿en dónde están? En centros turísticos bajo control. En todos los municipios se nos advierte que no debemos ir más allá de la colina ni tomar fotografías, y no lo dicen por la delincuencia, sino porque somos nosotros los potenciales delincuentes, gente de otro pueblo, forasteros capitalinos, extranjeros. Eso es discriminación y racismo.

Es comprensible que los vecinos organizados quieran protegerse de la minería y de cualquier adversidad humana, pero ningún poblador es amo de los ríos adyacentes a su casa, al extremo de secuestrar a quien allí se bañe. Hace una semana sucedió. Doce turistas fueron retenidos durante 14 horas por personas de Uspantán, Quiché. Practicaban deporte extremo. Uno de ellos pretendía filmar un reportaje para la revista National Geographic. El alcalde del lugar dijo después, por la radio, que todo había sucedido porque se trataba de una población “alejada de la civilización”, que los turistas habían sido confundidos “con unos ladrones de niños” y que finalmente hasta les ofrecieron disculpas con un almuerzo.

Nada excusa un secuestro. Difamar para robar es una vieja maña de bandidos. Algunos grupos ya llegaron excesivamente lejos. Racismo, falso testimonio, terror, abuso de identidad y de autoridad. Espeluznante. Ningún almuerzo, ni siquiera una semana de feria sería suficiente para zurcir las rasgaduras del secuestro. Quienes lo hicieron —y quienes lo han hecho en otras oportunidades— deberían estar presos y enjuiciados bajo media docena de cargos. A esos turistas les pidieron Q50 mil “por haber llegado sin autorización”, les robaron una cámara de Q120 mil que les devolvieron hasta hace dos días. Muchos otros paseantes, incautos, han sido asesinados.

¿En dónde están los paisajes? Sospecho que Cardoza y Aragón fue presa de una exageración literaria cuando apuntó, refiriéndose al paisaje de Atitlán: “Lo he vivido en todas las estaciones, en las noches claras, al amanecer, en las puesta de sol tras las serranías, en los lentos crepúsculos angustiados que, repentinamente, deciden la noche y las primera estrellas”.

Los paisajes, ¿en dónde están? En Finanzas Públicas y en los vidrios de los autos; también aquí, miren niños, en estas estampitas.


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