Opinión

Invertir en la cultura

Tener el privilegio de contemplar los espectáculos del Ballet Nacional, del Ballet Moderno y Folkórico, sentir inmenso orgullo por el talento de los y las jovencitas de la orquesta Juvenil del Conservatorio, la belleza de las notas emanadas de la Orquesta Sinfónica, de la Marimba de Concierto del Palacio Nacional o de la Marimba Femenina de Concierto, así como la de Bellas Artes y las voces del Coro Nacional, o las presentaciones de obras de teatro, es algo maravilloso, un deleite para nuestro desconsolado espíritu que vaga por las calles de nuestro país con pesimismo, tristeza y temor.

ILEANA ALAMILLA

Las instituciones artísticas del Estado, pertenecientes al Ministerio de Cultura y Deportes, algunas de ellas declaradas Patrimonio Cultural de la Nación y máximas exponentes del arte profesional, están pasando momentos muy apremiantes, por la falta de interés de las autoridades del ramo, el abandono y la poca valorización de su trabajo. Así lo han denunciado públicamente, a lo que se suma un grave desorden administrativo y financiero, así como excesiva discrecionalidad en la toma de decisiones por empleados de tercera categoría.

En julio se cerró de manera indefinida la Escuela Nacional de Danza, lo que frena la posibilidad de dignificar ese arte de manera profesional e impide brindar un espacio a la niñez que desea incursionar en este ámbito, dijo en esa ocasión Lucía Armas, directora del Ballet Moderno y Folklórico, una de las entidades más perjudicadas con la falta de recursos. Una niñita me contó entristecida que ya no iba a clases de danza porque su escuela tenía gran cantidad de goteras, y que se había lastimado sus piecitos, porque el piso estaba dañado.

Ver la original protesta que, de luto, hicieron frente al Palacio Nacional de la Cultura, conduele. Son jóvenes talentosos reclamando sus derechos y con gran preocupación por el inminente colapso de sus instituciones y el cierre de los programas respectivos.

Es inconcebible que no haya ni para pagar a los artistas profesionales, a los maestros y al personal administrativo y operativo; es increíble que les hayan cortado la luz, el agua, el teléfono con lo que privan a la sociedad de un derecho; y qué vergüenza que las puertas del Palacio Nacional de la Cultura no se abrieron para escuchar sus demandas. Con razón el reconocido maestro Léster Godínez dijo que los artistas del Estado desconocen la solidaridad.

El doctor Édgar Montiel, representante de la Unesco en Guatemala, en la presentación del Informe Mundial de esa entidad destacó los beneficios que representa la inversión en la cultura, en términos del Producto Interno Bruto (PIB), y de la Población Económicamente Activa (PEA).

Citó un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que estableció una medición de la contribución de la cultura al PIB, que representa el 7.26%, un aporte mucho más grande que el del sector azucarero; su contribución a la PEA es del 7.14%, lo que significa que la cultura es de alta productividad, hace mucho con poco y tiene un valor creativo, dijo el citado funcionario, al abogar ante el presidente y el ministro de Cultura por la ampliación del presupuesto para el sector cultura, que produce riqueza y refuerza vínculos societarios.

La cultura no puede ser la cenicienta del presupuesto, sentenció sabiamente el intelectual.

El discurso del presidente en el acto no acogió ese clamor. Él sólo oye otros consejos. ¿Cuáles?


Más noticias de Opinión

Herramientas

Último momento

© Copyright 2011 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.