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Opinión

Malas críticas

Tuve la oportunidad de leer el informe solicitado por una organización que se llama Physicians for Human Rights (Médicos para los Derechos Humanos) y la Iglesia católica de Guatemala.

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 Se dijo que venía avalado por la Universidad de Míchigan, y ahí comienza la primera mentira. La Universidad autorizó a algunos profesores a participar en la investigación. NiLadri Basu. MSc, PhD y Howard Hu, MD, MPH, ScD, son los autores del informe, con el apoyo de otro ente, Forensic Program for Human Rights, muy rimbombantes pero de poca credibilidad, por la falta de conclusiones reales y porque dejan un espacio para la duda y las malas interpretaciones.

Al leer detenidamente el informe, nos damos cuenta de que no tiene nada de malo en contra de Montana Exploradora, y que lo niveles de contaminación están dentro de los límites normales para la salud, tanto de los trabajadores de la mina como para la población vecina.

Hay en el informe casos insólitos, como aparece en el cuadro S-2, donde vemos que un maestro tiene niveles más altos de contaminación que un minero; ambos dentro de los límites normales.

Si vamos a lugares como Santa Rita, en Huehuetenango, encontraremos a personas muy contaminadas de plomo y mercurio, pues toman el agua de los ríos que entran en contacto con esos metales, y allí no hay una mina. Para que nadie esté contaminado, se deberá desmineralizar el agua potable. Me gustaría un informe de ese tipo aquí en la capital, a ver qué orden le daría la CIDH al alcalde.

Pero el informe fue lógicamente tergiversado, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que es refugio de ideólogos de izquierda, resolvió ordenar al Gobierno de Guatemala detener la operación de Montana Exploradora.

En Perú, país donde la minería es quien más aporta al Producto Interno Bruto y a la generación de empleo, el acoso de organizaciones como Physicians for Human Rights y la CIDH fue constante, pero a don Alan García le vinieron muy flojas las órdenes de estos señores y le importó más la generación de empleo y mitigar la pobreza del pueblo peruano.

Chile sufrió los mismos embates. Por supuesto, estos señores no están ordenándole a Chávez que detenga la producción de hierro en Cerro Bolívar y el petróleo en Maracaibo, ni a al cocalero Evo sus producciones de estaño y de gas natural.

Hace unos días, un grupo de periodistas fue llevado al área petrolera donde opera Perenco. Todos creían que iban a ver un lago de petróleo deshaciendo el entorno de Laguna del Tigre. No lograron ver siquiera una gota, pues todo está perfectamente entubado y sellado. Lo que sí notaron es la depredación que causan los ilegales en el área, dándose cuenta de que el área de concesión está perfectamente resguardada, pero de eso no se dice nada.

¿Qué se puede esperar de quienes, resistentes a la realidad y la evidencia, reciben dinero para oponerse? Su actitud no incluye la sana crítica, sino la obcecación, como: “el socialismo y el comunismo no han fracasado, fracasó su mala aplicación. ¡Otro mundo es posible!”.

Prácticamente ninguno de ellos ha estado en una mina o en sus alrededores, y hablan repitiendo lo que otros dicen, incluidos los dilectos columnistas que pontifican acerca de este asunto. De ellos solo se esperan malas críticas.



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