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Opinión

Otto Pérez reiteró sus compromisos

Varias fueron las características del discurso pronunciado ayer por el presidente Otto Pérez Molina en su toma de posesión, y la principal fue su lenguaje directo al reiterar sus promesas de campaña, severo al criticar al gobierno saliente y firme a las peticiones a la comunidad internacional respecto de la lucha contra el narcotráfico y la trata de personas, así como a su compromiso personal por cumplir con su palabra empeñada.

EDITORIAL

Fue clara la crítica cuando señaló que la Nación está muy cerca de “un quiebre económico y moral”, por el endeudamiento más alto de la historia, el desorden administrativo y el manejo clientelar y populista en programas sociales, y también porque los valores tradicionales familiares se han perdido. Fue interesante su referencia a la necesidad de cambios en el país y el inicio del nuevo ciclo en el calendario maya.

Un factor lamentable fue la ausencia de varios diputados opositores, con el argumento de que no sienten que Pérez Molina sea el presidente de ellos. Por otro lado, fue positivo que los simpatizantes patriotistas no se lanzaran en improperios ni silbatinas contra Álvaro Colom. Por eso la ceremonia del cambio ocurrió sin novedad, aunque es evidente que deberían hacerse esfuerzos porque se realice en menos tiempo.

Pérez Molina reiteró estar dispuesto a tomar decisiones y asumir responsabilidades, y se comprometió a que los miembros de su equipo sean los primeros en cumplir, para rescatar las instituciones públicas, “infestadas de corrupción”, dando ejemplo de “honestidad, trabajo y compromiso”. De manera tácita criticó a algunas organizaciones internacionales que ayudan a quienes no quieren que se cumplan los acuerdos de paz, en parte traicionados en su espíritu y en sus objetivos estratégicos, y señaló que al pasado “no hay que olvidarlo, pero sí superarlo”.

Al comparar este discurso con el de los otros presidentes al asumir el cargo, es notoria la falta de metáforas o lenguaje rebuscado. Debido a ello, y al interés despertado en diversos sectores por colaborar con el nuevo gobierno, si se llega a repetir el incumplimiento de las promesas, los efectos negativos serán aún más profundos que los sufridos por el gobierno saliente.

Una importante tarea a partir de ahora es emprender las acciones necesarias para cumplir, e informar de cómo y cuándo comenzarán. La administración por resultados es un concepto novedoso. Y si bien es cierto que a partir de un discurso no se puede llegar a conclusiones sólidas, este puede ser el punto de referencia para justificadas críticas posteriores si no se cumple lo prometido.

Los cambios de gobierno han traído un aumento a la esperanza de una administración sin lacras. Queda ahora a Otto Pérez Molina no repetir la traición u olvido que han cometido los presidentes anteriores. La decisión es de él y, de cumplirla, puede pasar a la historia de manera positiva. Guatemala lo necesita. La campaña ya terminó. Ahora toca gobernar, y gobernar de manera correcta es un arte y una ciencia, pero también un acto de valentía y de voluntad.


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