
Excelentísimo señor presidente de la República, Álvaro Colom: Su gobierno me otorgó el año pasado la Medalla Presidencial de Ambiente. Como portadora de la misma, me dirijo a usted y apelo a sus cualidades más nobles y espirituales, para rogarle que no entregue el Parque Nacional Laguna del Tigre a la explotación petrolera.
Excelentísimo señor presidente de la República, Álvaro Colom: Su gobierno me otorgó el año pasado la Medalla Presidencial de Ambiente. Como portadora de la misma, me dirijo a usted y apelo a sus cualidades más nobles y espirituales, para rogarle que no entregue el Parque Nacional Laguna del Tigre a la explotación petrolera. Ante la pretensión de prorrogar el contrato 2-85, para continuar y ampliar la explotación de petróleo en el área protegida Laguna del Tigre, usted tiene una responsabilidad muy grande, porque puede inclinar la balanza. El solo hecho de que, hasta ahora, no se haya decidido —lo que algunos analistas han calificado como “lavado de manos”—, nos permite abrigar alguna esperanza. No es nada fácil escoger, cuando de un lado hay la seductora promesa de muchos millones de quetzales a corto plazo; pero tenga presente que del otro lado lo que hay es vida, y que esa se puede perder para siempre. Estos son tiempos difíciles para la humanidad: el desenfreno y la codicia de unos pocos que lo tienen todo está poniendo en peligro el bienestar y la supervivencia de la mayor parte de los pobladores de la Tierra, humanos, animales y plantas. Ya el desequilibrio climático, la destrucción y la contaminación de los sistemas de vida son tan notorios que solamente quienes se benefician de la debacle ambiental se empeñan en negarla y quieren seguir haciendo lo mismo, como si nada.
La explotación petrolera es especialmente relevante en tiempos de cambio climático, porque la quema de hidrocarburos es responsable del 60 por ciento de los gases que aumentan el efecto invernadero; además, destruye y contamina los lugares donde se realiza la extracción. En el caso de Laguna del Tigre, escoger la explotación petrolera implica sacrificar una de nuestras más importantes áreas protegidas, uno de nuestros únicos amortiguadores frente a los embates del cambio climático; también significa perder soberanía y dignidad. Tenga en cuenta, señor presidente, que no se trata solamente de prorrogar una actividad industrial contaminante que ya ha lastimado severamente un humedal que tiene importancia planetaria; en realidad van a reactivar seis pozos que ahora no funcionan y van a abrir —al menos— cinco pozos más. Eso significa ampliar, también, los daños ambientales. Usted tuvo el tino de escoger a un excelente guatemalteco como ministro de Ambiente, un científico reconocido internacionalmente, que entiende perfectamente los costos —ambientales, sociales y económicos— que a largo plazo pagaremos, de seguir destruyendo nuestro patrimonio natural. El ministro Ferraté está dispuesto a defender un bien que les pertenece también a las futuras generaciones, y cuenta con apoyo ciudadano. Hay un mensaje muy profundo, cuando alguien está dispuesto a defender la vida por encima de intereses económicos y fuertes presiones. El Calas ha anunciado que está preparando un amparo inconstitucional, y ya se presentó esta semana una acción en la Sieca, porque la prórroga del contrato en un área protegida no es solamente ilegal e inmoral, sino que además menoscaba nuestra legislación ambiental, y eso es inaceptable bajo el Cafta. Por favor, señor presidente, no permita que la juventud de Guatemala pierda más opciones de tener una vida digna, de tener un futuro promisorio. Laguna del Tigre puede darnos muchos más beneficios si la mantenemos que si permitimos que la explotación de petróleo la destruya. Siempre recordaremos a los presidentes que han entregado las riquezas de nuestro país. Ojalá podamos recordarlo a usted por conservar una riqueza tan importante para todo el planeta como el Parque Nacional Laguna del Tigre.
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