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Opinión

SI ME PERMITE

El estudio es un privilegio

“En la tabla o en cualquiera otra parte escucha con diligencia lo que cada uno dice que si quieres, en tu mano está sacar de ello provecho. Que de los sabios tomarás doctrina para ser mejor; y de los necios y groseros podrás aprender a ser más cauto y avisado”, Luis Vives. Sin duda, en estos días en cada familia están en preparativos para el inicio del año escolar; a simple vista será evidente dónde está cargado el interés, si en la calidad del estudio y su excelencia, o bien, en el costo y las ofertas que despiertan interés, al punto de que nos olvidamos de averiguar los detalles determinantes.

Samuel Berberián

SAMUEL BERBERIáN

Es entendible que hay momentos, por las circunstancias que se viven, la única posibilidad que podemos tomar es aquella que nos ofrecen al menor costo. Si este criterio lo aplicáramos en igual mentalidad a la salud y la nutrición es posible que ya estuviéramos muertos. Claro que en el otro extremo también, si solo complacemos los gustos y las apariencias, sin analizar contenidos, nos puede ir mucho peor.

Podemos ver en la Historia cómo está registrado lo que la educación ha permitido para que muchos logren lo que ha hecho la diferencia. Por otra parte, es evidente que algunas regiones, que no valoraron la importancia de la educación, han privado a sus ciudadanos de invertir tiempo y dinero en la educación, dejándolos aislados. Es un daño irreparable que no hay forma de ocultar y que si no hacen algo de inmediato puede ser fatal.

Es claro que un niño no tiene el entendimiento de apreciar lo que sus padres sacrifican e invierten para que pueda adquirir la educación necesaria y, claro, mucho menos tiene la capacidad de escoger lo que es mejor para su futuro y lo que le servirá el resto de la vida. Por ello debemos poner poco oído en las quejas u opiniones de un niño cuando se le envía a estudiar; en su adolescencia podrá opinar, pero siempre el que paga el costo tiene más razón para escoger si está dispuesto a renunciar a sus gustos y buscar el bien del que estudiará.

Más allá de ese nivel, lo que determina es la capacidad y la vocación del estudiante, y no simplemente lo lucrativo de la carrera. Qué triste ver a los que estudian carreras porque no tienen que enfrentar las áreas que más les cuesta. Cuánta razón tenía Abraham Flexner, el pedagogo estadounidense del siglo pasado, al afirmar que “la filosofía de la educación tiende a desacreditar el esfuerzo”.

Hoy, al inscribir a alguien, debe saber qué está pagando y qué espera recibir al final del proceso, para que no salga estafado. Lo que uno debe evaluar día a día es si el proceso educativo es el que habrá de servirme, y no al terminar el año llegar a reclamos de que no he recibido lo que se había acordado. Lo que siempre les digo a los padres de familia en el Instituto Federico Crowe es que la educación es un proyecto de varias partes, coadyuvando conjuntamente para que al final sea un éxito. Esto no es casualidad; de ninguna manera, es causalidad de la cooperación constante entre escuela, el hogar y el mismo alumno.

Seamos responsables en poner atención, más allá de los colores de los forros y las carátulas de los cuadernos, a la disciplina del proceso, dejando de pensar solo en los derechos y cultivando las responsabilidades en cada alumno, para cosechar el bien mañana. Esto es uno de los elementos determinantes para que esta Guatemala pueda cambiar para bien.


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