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Opinión

Los grandes retos de Roxana Baldetti

A partir del sábado, Roxana Baldetti Elías de Paz ocupará la Vicepresidencia de la República, máximo cargo político al que ha llegado una mujer en Guatemala. Debe encarar varios retos, de los cuales el principal consiste en demostrar su responsabilidad, profesionalidad y capacidad, tanto política como para comprender que su nuevo papel es distinto: ya no es la lucha partidista, sino la constante colaboración para conducir adecuadamente al país.

EDITORIAL

Al actuar de esa manera, comprobará que la mujer guatemalteca es capaz en la política, y que los grandes valores femeninos están presentes en ella, agregados a una experiencia política de casi dos décadas, cuando era una joven funcionaria del régimen de Jorge Serrano Elías. Posteriormente se convirtió en la lideresa principal del partido de la cual es fundadora, junto con el hoy presidente electo, Otto Pérez Molina.

Hasta cierto punto, no es difícil la tarea de la primera vicepresidenta en la historia nacional, porque sin esfuerzo logrará que la población haga comparaciones entre ella, legítimamente electa para su cargo, y la persona que en el gobierno de Colom arrebató con caprichosa arrogancia y malas maneras una posición ilegal e inconveniente a los intereses del país, del Gobierno y del partido oficial. Esta fue una de las causas del absoluto derrumbe del régimen al que le quedan 48 horas de vida.

Muy pocos pueden discutir la capacidad de trabajo de la vicepresidenta Baldetti Elías de Paz. Su enjundia le ha otorgado fama. Su carácter es fuerte y decidido, pero en esas características se puede encontrar la fuente de problemas si no sabe controlarlas. La Constitución le otorga tareas específicas que ella tiene la obligación de cumplir, pero necesita revisar cómo piensa hacerlo.

Su verdadera capacidad política se notará en sus reacciones en el momento en que la oposición en el Congreso utilice los mismos mecanismos que ella empleó cuando era diputada, y también cuando le toque desempeñar temporalmente la Presidencia de la República en los días que el presidente viaje fuera del país. Y por último, con las personas a quienes llegue a trabajar a su lado o contrate como asesoras.

Grandes son los retos que esperan a la vicepresidenta. No hay lugar para la impaciencia ni para ningún arrebato de mal carácter o de ira. Le es fundamental comprender que es inseparable la categoría de persona y la de vicemandataria, por lo cual no debe olvidar que desempeñará por los próximos cuatro años un papel que la obliga a actuar, hablar y reaccionar de manera cuidadosa.

En la práctica, la vicepresidencia del país en varias ocasiones ha sido una posición de segundo nivel, sobre todo porque los guatemaltecos somos presidencialistas y porque los binomios presidenciales han sido producto de negociaciones. Esta vez los dos primeros puestos del país son ocupados por personas de larga trayectoria política en el mismo partido. La atención nacional se concentrará en esa nueva circunstancia y la vicepresidenta es fundamental para que el nuevo gobierno no fracase.


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