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Opinión

Q’A NO’JB’AL

Fue guerra y genocidio

Como que no han bastado las innumerables investigaciones que se han realizado en Guatemala sobre la guerra o el conflicto armado interno de 36 años (1960 a 1996), porque aún seguimos negando que hubo guerra y genocidio en todo el territorio nacional. Las exhumaciones en cementerios clandestinos, listado en las morgues y grupos de socorro. Las entrevistas que se han realizado a huérfanos y viudas, a desplazados internos y refugiados, etcétera, parece que no son suficientes para investigadores y columnistas

Kajkoj Máximo

MáXIMO BA TIUL

que se han dado a la tarea de denunciar en los diferentes medios de comunicación que no hubo guerra y tampoco genocidio en Guatemala.

¿Entonces dónde quedan los diferentes planes —Sofía, Victoria 82, Gumarkaj y otros— que tenían como objetivo exterminar a la población “supuestamente vinculada con la guerrilla”?. ¿Por qué los comisionados militares y las Patrullas de Autodefensa Civil, constantemente decían: “tenemos que terminar todo de raíz para que se termine el mal”?.

¿Cómo calificaríamos a las más de 400 aldeas arrasadas en todo el país, a todos los descendientes de las víctimas de esta guerra y que no tienen ninguna esperanza de que sus anhelos de vivir en paz y armonía se resuelvan?

Tampoco sería justo negar que hubo guerra y genocidio en Guatemala solo porque indígenas estuvieron en los dos bandos —Ejército y guerrilla—, y solo porque quienes no estuvieron en la guerrilla no fueron masacrados. Eso es no reconocer por qué tuvieron que prestar servicio militar “obligatorio” y por qué muchos, sin querer, tuvieron que ir al frente del Ejército como PAC, para iniciar la masacre: “A mí me obligaban a hacer patrulla, porque si no iba el comisionado militar decía que yo era guerrillero”.

La Real Academia de la Lengua Española, al definir la guerra, además de definirla como una “desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más naciones, también dice que guerra es: Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación. Es la misma definición que recoge la doctrina del Derecho Internacional Humanitario (DIH), que tiene como piedra angular los cuatro Convenios de Ginebra.

Con esta afirmación no pretendemos, como lo dirán comentaristas de esta columna, buscar venganza. Solo queremos defender nuestra convicción de que si negamos nuestra historia, estaríamos condenados a repetirla nuevamente y eso no está tan lejos; solo veamos lo que pasó con una comunidad de hermanos nuestros de Petén que fueron desalojados por fuerzas militares bajo el argumento de que son narcotraficantes, por lo que fueron a refugiarse en territorio mexicano, pero esta semana el ejército de ese país los volvió a desalojar.

Tampoco esperamos convencer a quienes se oponen, a reconocer la magnitud de la guerra y el genocidio en Guatemala, porque sabemos que ellos conocen, no solo desde las investigaciones sino de boca de los actores y víctimas de la guerra. La sociedad en su conjunto no debe permitir la “desmemorización”.


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