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Cuentos de Mosquera
F&G Editores acaba de publicar Dragones y escaleras y otros cuentos de Javier mosquera. Un libro especial, diferente, que da que pensar. Sobresale la justeza de la expresión, que presenta un doble lenguaje: uno que se refiere a la realidad, otro que se hunde en el mundo de los sueños. Dos narradores paralelos, que, en el fondo, son uno solo. Luego, vienen los asuntos, columpiándose entre la realidad y la fantasía.
Los personajes son, en su mayoría, conflictivos, inseguros, apasionados, pero que aceptan siempre su destino fatal. Parten de un yo pesimista, hundido en la angustia, la duda y el sufrimiento.
Un yo torturado y solitario que, a menudo, encierra la dualidad ángel/demonio, dualidad que yace inmersa dentro de un universo silencioso y en suspenso, donde las cosas ocurren menos por la voluntad de los hombres que por la fatalidad de los acontecimientos. El silencio, la soledad, la imposibilidad de comunicarse con los otros, de transmitir lo interior sin distorsiones, presentes en todos los cuentos, conducen al lector a la duda, la angustia y la tensión, en cuya meditada eficacia radica el suspenso.
El narrador parte de un yo profundamente conflictivo que se lamenta y cuenta su suplicio.
A veces no hay mayor argumento, más bien confesiones o hablares íntimos, proclives al sado-masoquismo. En la mayoría de los cuentos, el protagonista es el mismo narrador, pero también el otro, su doble, el cual desempeña el papel ángel/demonio que salva o hunde. Abundan los monólogos internos en los que se denuncian estados de ánimo colindantes con la desesperación y el delirio: un mendigo en Nueva York, después de ser guerrillero.
El influjo de Kafka, Cortázar y Borges está presente. Uno de sus protagonistas no vomita conejos a lo Cortázar, sino mujeres. En busca de recuerdos, descuartiza un cuerpo humano.
También sucede la autocastración, el peor de los castigos. El laberinto borgiano está presente en su mejor cuento: Dragones y escaleras, en donde hay escaleras que suben o bajan y dan a cuartos que multiplican las puertas a manera de suplicio infernal. La figura del ángel/demonio reaparece.
En la búsqueda del destino surge una invasión de ratas y luego la niña-mujer que ama y no ama, que es y no es. Y la vida que sigue su curso en una habitación cerrada y perdida: soledad y claustro. Un cuento que resume todos los cuentos.
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