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PERSISTENCIA Miedo y silencio
“La verdad no se corrompe tanto con la mentira, como con el silencio”. Cicerón.
Por:
Margarita Carrera
F&G acaba de editar el libro “Conclusiones y recomendaciones. Guatemala memoria del silencio”, que viene a respaldar el libro de la CEH, también publicado recientemente. Dos breves pero intensas obras que merecen ser leídas por todos los guatemaltecos para conocer los horrores sufridos durante la guerra sucia.
La publicación de la primera obra –según el prologuista Edelberto Torres-Rivas– “es una ofensiva contra el silencio cómplice que practica la sociedad guatemalteca” que no desea asumir verdades históricas. Sin embargo, es necesario conocer los actos de barbarie cometidos por los militares principalmente contra el pueblo indígena: “Lo huesos de los desenterrados gritan la verdad cuando se remueve la tierra de los cementerios clandestinos de antiguas bases militares”. Lo más dramático es que los delincuentes siguen gozando de impunidad porque el miedo y el silencio continúan gobernando a las víctimas.
La gran mayoría de guatemaltecos desconoce el Remhi y el informe de la CEH y no precisamente por ser analfabetos: profesores, estudiantes, profesionales, empresarios, comerciantes. Sin embargo, ahora circulan dos obras breves que recogen lo acontecido en nuestra patria desde 1964 hasta 1996. Dos obras que deberían de estar en todos los centros de estudio, bibliotecas y librerías.
Si bien los guerrilleros también cometieron atrocidades –afirma Torres-Rivas–, durante los 36 años de guerra sucia no hubo presos políticos y el sistema judicial se paralizó. A los guerrilleros se les debió juzgar y castigar; en vez de eso se les torturó, mató y desapareció.
Asimismo, señala que en Guatemala sólo hay víctimas, nunca victimarios. Estos últimos jamás han sido sometidos a la ley penal. Pero lo más dramático es que, ahora, únicamente los particulares pueden identificar a los culpables en un juicio penal, algo que jamás harán porque todos –sin excepción– están inmovilizados por el miedo que conduce al silencio.
Y se cita a Cicerón: “La verdad no se corrompe tanto con la mentira, como con el silencio”. Me pregunto, ¿qué esperanzas hay de que se haga justicia cuando son hombres y mujeres indígenas los que han de llevar a los tribunales a quienes los masacraron?
Hemos de aceptar que “somos una sociedad enferma”. “¿Qué clase de violencia fue ésta que llegó al límite de practicar una estrategia militar de ‘sociedad arrasada’ que sólo ocurre en la guerra entre países?”.
El pueblo guatemalteco aún se ve dominado por el miedo y la rabia. Sin embargo, el miedo paraliza la ira lo cual causa enfermedades mentales. Ya es hora de que rompamos el silencio para ser libres y no volver a los horrores de la guerra sucia.
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