|
EDITORIAL Contradicciones y oportunidades
Suele decirse que Guatemala es el país de las contradicciones, y esto parece ser cierto en infinidad de sentidos.
Tal vez la más grande y globalizante de todas las paradojas radica en que están dadas las condiciones para ser prósperos y, sin embargo, las estadísticas muestran tendencias hacia el retroceso y al empeoramiento de nuestros indicadores sociales.
Los recursos del país son pletóricos y abundantes en todos los sentidos. La naturaleza y el legado cultural son pródigos como para no necesitar nada más para ser un país desarrollado.
Empero, pareciera que los guatemaltecos, a todo nivel, hemos hecho todo lo posible para permanecer al margen de los beneficios de la riqueza productiva.
El espíritu de lucha y de competencia sana permanece, por lo general, apagado.
Lo dice el análisis sociológico, pero también estudios respecto de las causas de esa abulia y marasmo.
Por ejemplo, un análisis reciente de la firma internacional Kurtzman Group sobre la transparencia y la facilidad de hacer negocios en Guatemala vuelve a dejar claro que, aunque hay avances en algunas áreas, la competitividad aún no es sistémica.
En ese estudio, Guatemala es percibida tan corrupta como Ecuador, y junto a él ocupa los dos últimos lugares entre los países latinoamericanos medidos.
En cuanto al clima para hacer negocios, Guatemala es tan complicada como Venezuela, en donde el gobierno de Chávez está ahuyentando a los inversionistas.
Se ve, pues, un camino sinuoso, pero —he aquí otra ironía— lleno de oportunidades.
En este sentido, el anuncio reciente de la probable inversión de unos US$50 millones por parte del gigante textilero Cone Mills es una muestra de que el interés de muchos empresarios está puesto en Guatemala.
Mejorar el clima de negocios para atraer inversión fresca y productiva es el único camino para que el país salga del subdesarrollo y ofrezca mejores oportunidades a todos los guatemaltecos.
Esto es urgente, si tomamos en cuenta que el 54.3 por ciento de nuestros compatriotas (6.1 millones de personas) son pobres y el 22.77 por ciento es extremadamente pobre.
El tiempo se agota y nuestra sociedad está obligada a tomar conciencia de que la apertura comercial y productiva hacia el mundo ya no es una opción, sino una necesidad.
El Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos es una oportunidad, pero también una amenaza para nuestra exigua producción, si no se impulsa la competitividad en todos los niveles.
Tener un país ágil, transparente y atractivo para la inversión, incluso nacional, depende de los tres poderes del Estado, las municipalidades, los empresarios, los trabajadores e incluso de las mismas confesiones religiosas.
Una parte del buen clima tiene que ver con la infraestructura, la eliminación de trabas burocráticas y la certeza jurídica para la inversión, y la otra, con la disponibilidad de mano de obra calificada.
Esto último obliga a evaluar la calidad de la oferta educativa nacional.
|