Logo

Guatemala, domingo 03 de octubre de 2004

img
img
img
img
img
Ejemplo: dd/mm/aa
img img
logologo
img img
img img img Guatemala, domingo 03 de octubre de 2004 img img imgimg
spacer
img img

Opinión

EDITORIAL
Carencias en la vida del maestro

La recién efectuada evaluación diagnóstica de los egresados del nivel diversificado ha puesto de nuevo en el interés social la consideración del rol encomendado al maestro en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Sobre el desempeño del docente gravitan infinidad de críticas y preocupaciones de distinta naturaleza, que al final se encarrilan hacia un efecto común: el rezago educativo del país y sus efectos en la falta de desarrollo económico y social.

Por lo general, cuando se evalúa al maestro, se hace de manera subjetiva y parcializada, porque sólo se demanda de él sacrificio, rendimiento, resultados y excelencia en su desempeño, pero no se analizan las circunstancias, por lo general negativas, en las que desarrolla su trabajo.

Por esa inequidad, a la gran mayoría se le tiene satanizada y pocas veces hay expresiones de elogio y reconocimiento a su desempeño.

Sin embargo, el escenario del trabajo de los 75 mil 410 docente en el país es complicado desde cualquier arista.

Por ejemplo, si se le ve desde la relación con sus dos millones 500 alumnos, es imposible garantizar a aquellos una formación excelente cuando el 40 por ciento de los docentes tienen a su cargo varios grados.

En cuanto al salario, no se puede pretender que estén motivados, cuando comienzan ganando Q1,932 y sólo pueden aspirar a recibir un pago medianamente decoroso, de Q4 mil, al cabo de 21 años de servicio.

Además, su trabajo está rodeado de problemas, presiones y carencias. El número de niños a su cargo está muy por encima de la media pedagógica ideal de 20 alumnos; no cuentan con guías curriculares, libros de textos y otros insumos; por sus bajos ingresos se les imposibilita residir en el lugar de trabajo y están expuestos a presiones de autoridades y líderes locales y de padres.

Por otra parte, su labor se ve dificultada por la falta de dominio de los idiomas locales; de la pobreza, causante de ausentismo, porque los padres involucran a sus hijos en actividades productivas, y la repitencia en el primer grado, (alcanza el 43 por ciento) la cual lo desmotiva cuando la vocación es genuina, por lo poco productivo de todo un año de repetir conceptos.

Lo anterior se ve agravado por los bajos salarios, la ausencia de capacitación, especialización y promoción y el escaso interés y control estatal sobre su trabajo.

Frente a esos escollos, la sociedad aspira a que el maestro guatemalteco pase de ser simple asalariado de la educación a verdadero educador, para que sea un mediador del saber y de los valores culturales.

Sólo así estará en condiciones de transmitir ideales legítimos y eficaces para fomentar una sociedad instruida y progresista.

Empero, esto será siempre una quimera si no se tratan las causas de esta prolongada postración formativa.

Son muchas y difíciles, pero si se ha de empezar por algo debe ser, en lógica y justicia, por la situación del maestro, y entre el abanico de carencias, su dignificación debe ser lo primero.

Además, en esta sección:

 

Copyright © 2000 - 2007 Prensa Libre, S.A. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

 

img img
spacer
Ciudad Guatemala
15°C Min, 24°C Max
Principalmente soleado.
 
img
img

US$1.00 Q 7.62134

img
img