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CONTRASTES En línea
No creo que les haya afectado demasiado el borrón echado sobre su equipo, porque de ligas y ligueros seguirán siendo las reinas
Por:
Conrado Alonso
Como no fue televisado el partido de fútbol aquel que tanta tinta ha vertido sobre los periódicos y que promovió alegres comentarios de la porra confederada, trataré de alinearme en estos agradables momentos del desayuno dominical que quiere huevos, y también frijoles, café y una champurrada.
Puede entender el caro lector que estoy refiriéndome al encuentro futbolero —no sé si amistoso, o no, porque al parecer se trataba del inicio de una liga— de dos equipos femeninos, uno del Colegio Americano y el otro conformado por chicas de la línea del ferrocarril. Le pido ya que no se escandalice.
El detalle ese de la liga sería interesante conocerlo de antemano, porque, si de ella se tratara, es de suponer que enfrentarían más encuentros.
Pero, parece que el equipo de las chicas de la línea ha sido descalificado y que, por consiguiente, no volverán a jugar sobre la gramilla plástica de Futeca.
No creo que les haya afectado demasiado el borrón echado sobre su equipo, porque de ligas y ligueros seguirán siendo las reinas, ni creo que su negocio del ligue vaya a disminuir ante las perspectivas favorables de la globalización y de tantos tratados de libre comercio. Habrá más ligas y liguillas.
Ahora bien, deberían comprender que el alboroto armado por su porra —cuentan que el grito fue: “Somos putas y qué”— ha podido llegar a alguna oficina preocupada de las economías escondidas y empiece a bucear entre los millones que la profesión mueve y los nulos réditos para la administración.
Nada en especial tengo contra el citado grito en su conjunto. Si me permití hacer la anterior reflexión se debe a que todos conocemos cómo es de avorazada la recaudación tributaria.
Me parece, más bien, un grito de reafirmación contundente del oficio abrazado. Ya sabemos que se trata del más antiguo.
Y que, por muchos nuevos oficios y profesiones que hayan sobrevenido —dignísimos y elegantísimos muchos de ellos—, el caer en la tentación de merodear en las proximidades, o en el epicentro, del más antiguo llama la atención.
El mero detalle está en querer usar el membrete, o en saber disimularlo.
Pero, en fin, no se enojen las dignas damas que, sin hipocresías, no quedan comprendidas en las anteriores líneas.
Todos somos parte del conglomerado humano y en cuanto más se valore la calidad de la persona, esté donde esté, habrá más comprensión, más solidaridad y menos reticencias insidiosas.
Me comenta un amigo que el resultado final desfavorable a las chicas de la línea estuvo comprometido por los muchos saludos dirigidos a admiradores del otro género al sacar faltas y tiros de esquina. “Hola, Pepe” (el nombre de todos). “Un beso, y a ver cuándo llegas”. Perdieron concentración.
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