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EDITORIAL Carencias en la vida del maestro
La recién efectuada evaluación diagnóstica de los egresados del nivel diversificado ha puesto de nuevo en el interés social la consideración del rol encomendado al maestro en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Sobre el desempeño del docente gravitan infinidad de críticas y preocupaciones de distinta naturaleza, que al final se encarrilan hacia un efecto común: el rezago educativo del país y sus efectos en la falta de desarrollo económico y social.
Por lo general, cuando se evalúa al maestro, se hace de manera subjetiva y parcializada, porque sólo se demanda de él sacrificio, rendimiento, resultados y excelencia en su desempeño, pero no se analizan las circunstancias, por lo general negativas, en las que desarrolla su trabajo.
Por esa inequidad, a la gran mayoría se le tiene satanizada y pocas veces hay expresiones de elogio y reconocimiento a su desempeño.
Sin embargo, el escenario del trabajo de los 75 mil 410 docente en el país es complicado desde cualquier arista.
Por ejemplo, si se le ve desde la relación con sus dos millones 500 alumnos, es imposible garantizar a aquellos una formación excelente cuando el 40 por ciento de los docentes tienen a su cargo varios grados.
En cuanto al salario, no se puede pretender que estén motivados, cuando comienzan ganando Q1,932 y sólo pueden aspirar a recibir un pago medianamente decoroso, de Q4 mil, al cabo de 21 años de servicio.
Además, su trabajo está rodeado de problemas, presiones y carencias. El número de niños a su cargo está muy por encima de la media pedagógica ideal de 20 alumnos; no cuentan con guías curriculares, libros de textos y otros insumos; por sus bajos ingresos se les imposibilita residir en el lugar de trabajo y están expuestos a presiones de autoridades y líderes locales y de padres.
Por otra parte, su labor se ve dificultada por la falta de dominio de los idiomas locales; de la pobreza, causante de ausentismo, porque los padres involucran a sus hijos en actividades productivas, y la repitencia en el primer grado, (alcanza el 43 por ciento) la cual lo desmotiva cuando la vocación es genuina, por lo poco productivo de todo un año de repetir conceptos.
Lo anterior se ve agravado por los bajos salarios, la ausencia de capacitación, especialización y promoción y el escaso interés y control estatal sobre su trabajo.
Frente a esos escollos, la sociedad aspira a que el maestro guatemalteco pase de ser simple asalariado de la educación a verdadero educador, para que sea un mediador del saber y de los valores culturales.
Sólo así estará en condiciones de transmitir ideales legítimos y eficaces para fomentar una sociedad instruida y progresista.
Empero, esto será siempre una quimera si no se tratan las causas de esta prolongada postración formativa.
Son muchas y difíciles, pero si se ha de empezar por algo debe ser, en lógica y justicia, por la situación del maestro, y entre el abanico de carencias, su dignificación debe ser lo primero.
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TIEMPO Y DESTINO Debates presidenciales en los Estados Unidos
Organización contra publicidad
Por:
Luis Morales Chúa
El poder de la palabra oral es más importante para el mundo cuando es usada en los encuentros televisivos entre candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos que los que se realizan en otros países, inclusive miembros del club de naciones más desarrolladas como el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Francia, Alemania, España y Rusia, para mencionar solamente algunos ejemplos.
¿Cuál es el motivo de esa fuerza de expresión? El país donde se realiza; centro del comercio mundial, cuartel de las armas más poderosas, tribuna desde la que se dictan políticas a gobiernos del mundo, y que pocos se atreven a desobedecer.
Por eso, el primer debate por televisión en el que los candidatos George W. Bush, del Partido Republicano y John Kerry, del Partido Demócrata, —dedicado fundamentalmente a discutir las circunstancias de la guerra contra Irak—, ha desatado una ola de encuestas en los Estados Unidos y en otros países, con el fin de establecer quién salió triunfador en esa competencia.
Ganó Kerry”, se afirma; pero, se hace la salvedad de que eso no significa que el presidente será derrotado en las elecciones presidenciales del 12 de noviembre próximo y truncado su sueño de obtener un segundo mandato, para desatar unas cuantas guerras más en cualquier parte del mundo donde el presidente considere que existen gobiernos “del mal”.
Ahora se preparan para los dos encuentros siguientes, que celebrarán el 8 y 10 de octubre; en uno discutirán sobre asuntos internos y en el otro se meterán de cabeza en el tema de la economía, al cual son muy sensibles los potenciales votantes.
Yo diría que en los Estados Unidos los resultados de esos debates inciden poco en las elecciones presidenciales, porque, en mi opinión, suele ser más decisiva la organización que desarrollan los activistas en los años previos a las votaciones.
Me refiero, entonces, a la existencia de un enfrentamiento entre la publicidad, por una parte, y el trabajo proselitista directo entre la población, por el otro.
No diré que la propaganda en los medios de comunicación social es intrascendente, pero es notorio que candidatos odiados por el periodismo como el presidente Hugo Chávez en Venezuela, no siempre pierden, lo que echa por tierra la vieja creencia de que sin el concurso de noticias y comentarios nada es posible.
Mas, se puede decir, en un afán contradictorio, que en Guatemala los medios de comunicación escritos hicieron presidente de la República al abogado Óscar Berger Perdomo, en contra el partido mejor organizado, hasta ese momento, en el esquema político nacional.
Es posible, pero lo determinante del triunfo de Berger fue la unificación que logró en torno suyo de otros partidos grupos de oposición.
Ahora bien, la mejor propaganda política suele ser la que se hace con mucho dinero y si eso es cierto, los republicanos del presidente Bush tienen una montaña rusa de dólares, y por consiguiente, deberían ganar en proporción al dinero invertido.
Tomando en cuenta esos elementos de la vida política norteamericana, el impactante final se dará en el Estado de La Florida, donde se decidieron las elecciones pasadas por un pequeño margen de votos, confusos y difusos, debido a fallas electrónicas que obligaron a un conteo material de las papeletas, ejemplo seguido posteriormente por la oposición venezolana, fuertemente respaldada por los grandes medios de comunicación social, escritos y televisados.
En la actual etapa del proceso electoral estadounidense muchos periódicos parecen inclinarse por el candidato de la oposición, que cuenta con el apoyo de un impresionante movimiento de célebres norteamericanos disidentes, filósofos, artistas de cine y personas que han escrito libros contra el gobernante. Esto es organización.
Se da entonces una nueva oportunidad de saber cómo funcionará ahora en los Estados Unidos la grande y costosa propaganda publicitaria, por una parte, y el trabajo de hormiga de los activistas que durante cuatro años han recorrido todos los rincones del país en constante elogio del gobernante o del retador, según el caso.
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SENTIDO COMUN Ética empresarial
¿Acaso es ético regalar dinero ajeno?
Por:
Manuel F. Ayau Cordón
Un sacerdote católico, de esos impertinentes que les gusta sermonear a la gente, le preguntó a un patrono si pagaba salarios de mera subsistencia.
El patrono, molesto, contestó que él le brindaba a sus trabajadores su mejor oportunidad, pues si no, no escogerían trabajar con él; que él no tenía la culpa de que otros no ofrecieran mejores oportunidades y por último, preguntó ¿cuántos trabajadores emplea usted, señor sacerdote, y cuánto les paga? ¿Acaso hay algunos que tenemos obligación de dar empleo y otros que no?
El sacerdote, furioso, dijo que debería pagar más, a lo cual el patrono le explico que lo que les pagara arriba de lo necesario para conservarlos constituiría caridad y que él prefería hacer su caridad ayudando a niños abandonados o huérfanos y no mezclando caridad con los salarios de su empresa.
Por último le explicó que si pagaba mayores salarios que sus competidores, el aumento de costos no le permitiría competir y ya no daría empleo alguno.
Ese incidente ilustra como con cierta frecuencia los sacerdotes se meten en asuntos económicos y al mismo tiempo imprudentemente rehusan estudiar formalmente los fenómenos económicos de los que hablan en el púlpito.
Mucho hablan de ética empresarial y de responsabilidad social de las empresas.
Así ponen en evidencia su ignorancia sobre el comportamiento ético de funcionarios empresariales, pues ya no se circunscriben a normas de conducta justa, de comportamiento cívico, como lo es el cumplir contratos, no recurrir al engaño ni al fraude, y respetar derechos y bienes ajenos, sino a otras actividades ajenas al giro del negocio que corresponden a la categoría de caridad.
La pregunta que corresponde es si es ético que quienes dirigen una empresa tomen de los recursos de los socios para hacer caridad.
Caridad es una cuestión personal y voluntaria que se hace con recursos propios. Los socios han entregado patrimonio a quienes manejan la empresa con objeto de obtener un beneficio mediante la actividad de producción o servicios con que sirven a la comunidad.
Para eso existe la empresa. Obviamente, no me refiero a una empresa de un sólo dueño o cuyos personeros consultan a los socios si desean donar parte alícuota de su patrimonio a alguna caridad específica.
Recordemos que no todos los socios tendrán las mismas preferencias y algunos preferirán ayudar a otras causas de asistencia social que consideran más meritorias que las escogidas por los personeros de la empresa.
Quizá otros socios se encuentran en circunstancias económicas difíciles y no están en condiciones de regalar patrimonio.
En las discusiones es evidente que se toman a las empresas como seres humanos distintos a sus dueños, olvidando que son solamente “personas” en un sentido figurativo “personas jurídicas” generalmente organizadas para fines comerciales.
A nadie se le ocurriría hablar de la responsabilidad social de un equipo de fútbol que no sea la de ganar la partida o de un grupo teatral que no sea la de complacer a la gente.
Es deseable que los artistas y bien pagados deportistas profesionales tengan su corazoncito y contribuyan a obras caritativas, pero ello es ajeno a su desempeño como artistas o deportistas.
Igualmente la función de una empresa es satisfacer lo mejor posible los deseos de la gente, y la medida de su éxito serán las utilidades producidas.
Allí termina su función social, pues hacer caridad es responsabilidad moral de sus propietarios como personas.
Cuando el gerente de una empresa regala dinero está regalando dinero que es de otros, lo cual está muy bien si los propietarios están unánimemente de acuerdo, pero si no, está haciendo caridad con dinero ajeno lo cual es totalmente antiético.
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CONTRASTES En línea
No creo que les haya afectado demasiado el borrón echado sobre su equipo, porque de ligas y ligueros seguirán siendo las reinas
Por:
Conrado Alonso
Como no fue televisado el partido de fútbol aquel que tanta tinta ha vertido sobre los periódicos y que promovió alegres comentarios de la porra confederada, trataré de alinearme en estos agradables momentos del desayuno dominical que quiere huevos, y también frijoles, café y una champurrada.
Puede entender el caro lector que estoy refiriéndome al encuentro futbolero —no sé si amistoso, o no, porque al parecer se trataba del inicio de una liga— de dos equipos femeninos, uno del Colegio Americano y el otro conformado por chicas de la línea del ferrocarril. Le pido ya que no se escandalice.
El detalle ese de la liga sería interesante conocerlo de antemano, porque, si de ella se tratara, es de suponer que enfrentarían más encuentros.
Pero, parece que el equipo de las chicas de la línea ha sido descalificado y que, por consiguiente, no volverán a jugar sobre la gramilla plástica de Futeca.
No creo que les haya afectado demasiado el borrón echado sobre su equipo, porque de ligas y ligueros seguirán siendo las reinas, ni creo que su negocio del ligue vaya a disminuir ante las perspectivas favorables de la globalización y de tantos tratados de libre comercio. Habrá más ligas y liguillas.
Ahora bien, deberían comprender que el alboroto armado por su porra —cuentan que el grito fue: “Somos putas y qué”— ha podido llegar a alguna oficina preocupada de las economías escondidas y empiece a bucear entre los millones que la profesión mueve y los nulos réditos para la administración.
Nada en especial tengo contra el citado grito en su conjunto. Si me permití hacer la anterior reflexión se debe a que todos conocemos cómo es de avorazada la recaudación tributaria.
Me parece, más bien, un grito de reafirmación contundente del oficio abrazado. Ya sabemos que se trata del más antiguo.
Y que, por muchos nuevos oficios y profesiones que hayan sobrevenido —dignísimos y elegantísimos muchos de ellos—, el caer en la tentación de merodear en las proximidades, o en el epicentro, del más antiguo llama la atención.
El mero detalle está en querer usar el membrete, o en saber disimularlo.
Pero, en fin, no se enojen las dignas damas que, sin hipocresías, no quedan comprendidas en las anteriores líneas.
Todos somos parte del conglomerado humano y en cuanto más se valore la calidad de la persona, esté donde esté, habrá más comprensión, más solidaridad y menos reticencias insidiosas.
Me comenta un amigo que el resultado final desfavorable a las chicas de la línea estuvo comprometido por los muchos saludos dirigidos a admiradores del otro género al sacar faltas y tiros de esquina. “Hola, Pepe” (el nombre de todos). “Un beso, y a ver cuándo llegas”. Perdieron concentración.
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COLABORACION Intercambio comercial
El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos ha encendido la polémica. Mientras unos sectores estiman que producirá progreso y desarrollo, otros lo rechazan por considerar que traerá más pobreza
Opinión de José Raúl González Merlo
Libre comercio y prosperidad
El sentido común no falla.
Un tratado de libre comercio es cuestión de sentido común. ¿Queremos tener acceso a los mejores productos a precios más accesibles? ¿O queremos insistir en limitar deliberadamente nuestras opciones? La respuesta debería ser obvia. ¿Entonces? En buena medida, la oposición al libre comercio proviene de posiciones ideológicas que detestan la economía de mercado.
Por lo tanto, se le quiere hacer creer a los guatemaltecos que el comercio provoca el enriquecimiento de unos a costa de la pobreza de otros. Una afirmación tan vieja como equivocada.
Por definición, un intercambio voluntario (el comercio) únicamente ocurre cuando ambos actores salen beneficiados.
La pregunta es ¿de qué manera se perjudica a los guatemaltecos cuando se ofrecen opciones a mejores productos? Sin embargo, se nos quiere asustar con el petate del muerto diciendo que un TLC inevitablemente nos empobrecerá. Nada más equivocado.
Lo que sí nos empobrecerá es un clima político, económico y social que ahuyente a las inversiones o una política de aislacionismo económico.
Por supuesto que el libre comercio es tan sólo un paso en la dirección correcta. Mal haríamos en pensar que es suficiente para salir de pobres. Pero si queremos salir de pobres es un paso que tiene sentido dar.
Las opciones que tenemos a la mano no son el TLC versus el paraíso terrenal. Ojalá que nuestras alternativas fueran tan evidentes. Pero no es así.
La alternativa al TLC es una economía cerrada al comercio.
Bajo este modelo estaríamos encareciendo deliberadamente los productos importados con el propósito de promover la “autosuficiencia” del exterior. Es una receta que nos empobrecerá aún más.
El resultado de su aplicación en el pasado han sido productos más caros con inferior calidad.
Ningún pueblo ha progresado ni progresará con esa política. Y que conste que no es que los productores locales sean necesariamente ineficientes. Es que, como todos nosotros, responden a incentivos.
La protección arancelaria les permite mantener un mercado cautivo en donde no hay motivos para buscar mejoras en calidad o precio. Esto último solamente se logra cuando la economía se abre y se estimula la competencia. Así es como los productores “se ponen las pilas” y benefician al consumidor.
El progreso de las naciones nunca ha sido fácil. El progreso de Guatemala no será la excepción.
Debemos decidir si queremos abrirnos a la economía mundial o si queremos cerrarnos la puerta.
La evidencia es implacable en este sentido. Los ciudadanos de los países más abiertos al comercio son los que más han podido progresar.
Conociendo lo anterior, mal haríamos en ponernos, nosotros mismos, barreras a nuestra prosperidad; especialmente, dada la dramática situación de pobreza en la que vivimos.
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Opinión de Carlos Barreda
No al TLC con EE.UU.
El TLC aumentará la pobreza en el campo y la migración hacia el norte.
La negociación del TLC con Estados Unidos fue un fracaso. Enfrentó la inexperiencia, improvisación y los constantes cambios de liderazgo en el equipo negociador y de estrategia.
Se dio en un ambiente de divorcio entre sector privado y Gobierno, que limitó el debate y la transparencia. La negociación del TLC se realizó, sin estudios de impacto y agenda prioritaria; y con una escasa o nula participación de la sociedad civil, afectando su legitimidad.
Al no reconocer las asimetrías entre las economías y no discutir los subsidios a la producción, se aceptó una asimetría al revés, a favor de un tratamiento privilegiado al país más poderoso (EE.UU.).
Guatemala tiene una economía pequeña y abierta, inserta en una economía mundial dominada por el capital financiero y las empresas transnacionales que cuentan con el respaldo de sus Estados y que tiene abundantes recursos (materiales, administrativos, tecnológicos y financieros).
En ese “libre mercado” Guatemala sólo cuenta con un aparato productivo atrasado, ineficiente y con una enorme “ventaja comparativa” que eufemísticamente le llaman mano de obra competitiva. Es decir, desempleo, pobreza y por ende bajos salarios.
Guatemala desarrolló una posición de apertura total a los productos de EE.UU. que se tradujo en un 80% de partidas libres de aranceles para bienes agrícolas e industriales.
Lo anterior sumado al mantenimiento de los subsidios a la producción por EE.UU. (US $ 180 mil millones para el periodo 2002 –2007) y el aumento de las ayudas directas a la agricultura a partir de la aprobación de la “Farm Bill”en mayo de 2002, provocarán la desaparición de nuestra producción nacional y de un elemento fundamental de la estructura social, el productor agropecuario y el campesino, que sustentan la producción para el mercado interno.
Los granos básicos son los más afectados, el maíz y el arroz tiene contingentes altos de cero arancel desde el primer año.
Las pérdidas se estiman entre el 10% y 30% de los jornales agrícolas, unos 41,000 a 125,000 empleos, que alcanzan una pérdida de entre Q366 mil y más de mil millones de quetzales. Los departamentos más afectados serán los de mayor pobreza y población indígena.
El TLC reduce la capacidad del Estado de impulsar políticas para el desarrollo económico y social de los pueblos, al no exigir requisitos de desempeño a la inversión extranjera y permitir a las empresas demandar al Estado; liberaliza todos los servicios públicos, afectando el acceso a los pobres; introduce la protección de los datos de prueba respecto a los medicamentos de marca, que restringe el derecho a la salud e impacta en el uso de medicamentos genéricos; y permite que las empresas transnacionales se adueñen de la biodiversidad, patentando las semillas.
El TLC aumentará la pobreza en el campo y la migración hacia el norte.
La única oportunidad es fortalecer al Estado y desarrollar redes de protección social:
universalizar la seguridad social, reforma agraria y fiscal, reforma educativa y desarrollo de un programa de inversiones en el campo.
Guatemala no debe ratificar el TLC y debe condicionar la inversión extranjera.
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LA BUENA NOTICIA Auméntanos la fe
La petición de los discípulos la entendemos perfectamente porque todos, de distinta manera, necesitamos que nuestra fe aumente. Serán los sencillos quienes tengan una fe más recia, más inconmovible y más transparente.
Por:
Gonzalo de Villa
El evangelio de hoy nos presenta uno de los muchos tiempos dedicados por Jesús a sus apóstoles.
Si uno examina la Escritura encuentra que son más los momentos recogidos en los evangelios en que Jesús está a solas con sus discípulos más inmediatos que con otros grupos o con las multitudes.
A ellos los llamó y ellos, dejándolo todo, lo siguieron.
Su generosidad y su adhesión a Jesús resplandecen en el evangelio, pero también sabemos que no siempre entendían a Jesús y que se les mezclaban ambiciones mundanas, a veces casi infantiles, con su amor al Señor.
Jesús va a dedicar mucho tiempo a su formación, va a tenerles paciencia, va a advertirles y no se va a cansar de ellos a pesar de las evidentes flaquezas humanas que tenían.
Los apóstoles vislumbraban en Jesús a una personalidad absolutamente extraordinaria sobre cuya identidad confesada por los apóstoles encontraremos distintas escenas en el evangelio.
Pero en la de hoy aparece una frase que es en la que quiero centrarme. Los apóstoles le piden a Jesús que les aumente la fe.
Quieren a Jesús, lo han seguido, pero se dan cuenta de que su fe en Dios es débil, esa fe que significa creer con firmeza pero también confiar y confiarse, apoyarse en Dios y tenerlo a El por única fortaleza en la vida.
De generación en generación y para cada persona creyente a lo largo de su vida la fe es misterio que nos posee, es don que se nos regala, es tesoro a cuidar, a abonar y a proteger.
Aún para los hombres y mujeres de fe más grande ésta es débil o insuficiente. Si así no fuera todos seríamos santos.
La petición de los discípulos la entendemos perfectamente porque todos, de distinta manera, necesitamos que nuestra fe aumente. Serán los sencillos quienes tengan una fe más recia, más inconmovible y más transparente.
He conocido a personas que perdieron la fe. Para algunos significó momentáneamente un sentimiento de adultez ganada pero, a la larga, la pérdida de la fe en Dios es una tragedia porque la vida pierde densidad, enfoque y propósito.
También he conocido quienes, perdida la fe y cercana la muerte, quisieran, más que la vida misma, el reencuentro con la fe.
Otros muchos, como los apóstoles, pasamos por la experiencia de pedirle a Dios que aumente nuestra fe, que sea, como dice el evangelio de hoy, como semilla de mostaza, pequeña pero increíblemente fecunda.
Es la fe que baña de sentido el sinsentido que tanto nos cerca hoy en nuestra cultura.
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