|
FARO El principio de precaución
Tenemos derecho de vivir en un medio ambiente sano y equilibrado.
Por:
Rodrigo Castillo Del Carmen
Tengo que reconocer que hasta que los señores obispos de la Conferencia Episcopal de Guatemala, presididos por el cardenal Quezada Toruño, nos advirtieron sobre los peligros de la minería a cielo abierto y su impacto en el medio ambiente, probablemente tal como el presidente Berger, yo era otro ignorante más sobre el tema.
Ello me llevó a investigar al respecto y descubrir, por ejemplo, que a raíz de la catástrofe ambiental producida en 1993 en la mina de oro de Summitville, en Colorado, EE.UU., se concluyó que la tecnología de explotación de oro a cielo abierto y la técnica de empleo de cianuro de sodio en minería es muy peligrosa.
Debido a esto se prohibió la minería a cielo abierto y el uso de cianuro en minería en Montana, EE.UU., así como también lo reclama la sociedad civil en Wisconsin y en Idaho. Además, ya se ha prohibido en muchos otros países del mundo.
Las consecuencias de la explotación de minerales en el medio ambiente se han convertido recientemente en un problema, especialmente como causa del efecto de invernadero, que con sobrada razón preocupa al mundo entero.
Por esa y muchas otras razones, en el tema de la explotación minera a cielo abierto debemos adoptar el llamado “Principio de precaución”, que establece que cuando haya peligro de un daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no debe ser utilizada como razón para no tomar medidas eficaces que impidan la degradación del medio ambiente. En otras palabras, más vale equivocarse del lado de la seguridad.
La minería es fuente de trabajo sólo para el uno por ciento de la población activa, pero es la causa del cinco por ciento de los accidentes mortales en el trabajo. Es un porcentaje muy elevado, como también lo es el de trabajadores que contraen enfermedades laborales; tales como, neumoconiosis, pérdida de la audición e invalidez permanente.
Para algunos países en vías de desarrollo la minería representa una proporción considerable del PIB y en muchos casos constituye el grueso de las divisas y de las inversiones extranjeras. Sin embargo, la supuesta creación de múltiples puestos laborales son una ilusión que en la mayoría de los casos resulta nefasta y de impacto negativo en el mercado laboral, pues las fuentes de empleo no sólo son mínimas, sino, además, de corta duración y altamente peligrosas.
Todos tenemos el derecho de vivir en un medio ambiente sano y equilibrado, así como el deber de preservarlo, ya que la protección ambiental constituye una parte integral de proceso de desarrollo económico.
Los daños al patrimonio ambiental común son un delito de lesa humanidad. Son daños que no se limitan a las generaciones presentes, sino que se extienden en el tiempo a las generaciones futuras por plazos impredecibles.
Píldora de humor.
-Después de lavar la cabeza a una señora en el salón de belleza:
-¿Quiere que le envuelva la cabeza con la toalla?
-No gracias, me la llevo puesta.
|