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COLECTIVO MADRESELVA Posiciones conscientes
¿Cuánto vale, para un economista tradicional, una montaña?
Por:
Magalí Rey Rosa.
Las declaraciones de Vitalino Similox, sobre la oposición del Foro Ecuménico ante la minería de metales a cielo abierto, hace ver mal a quienes criticaron a monseñor Quezada Toruño. Hay situaciones que obligan a tomar posición a la gente consciente.
Hay economistas, como el Dr. Joan Martínez Alier, catedrático de la Universidad de Barcelona, que sostienen la idea de que el deterioro ambiental tiene relación con la economía tradicional.
Los economistas tradicionales ignoran las leyes naturales y atienden solamente las leyes del mercado. Desde Adam Smith a Keynes, pasando por Marx, los clásicos del pensamiento económico prestaron poca atención a los aspectos “no económicos” (materiales y energéticos) de la producción. Pero estamos en este planeta de recursos finitos, que se agotan...
¿Cuánto vale, para un economista tradicional, una montaña? Seguramente le pondría un valor a la madera y, con suerte, al suelo fértil. Pero difícilmente le daría su verdadero valor a una formación de millones de años de edad, recubierta por complejísimos sistemas vegetales y animales, productora de agua y vida, absolutamente irremplazable.
Hay economistas sensibles que, ante la crisis ecológica planetaria, cuestionan seriamente los planteamientos de la economía tradicional y tratan de integrar las leyes que rigen los sistemas de vida con los datos y cálculos económicos.
Hay guatemaltecos que no justifican el sacrificio de valiosos patrimonios nacionales para saciar las necesidades del mercado global, y se han opuesto a la entrega de nuestros recursos. De quienes investigaban cómo se negoció el niquel, Adolfo Mijangos y Julio Camey fueron asesinados y Alfonso Bauer Paiz salió herido al exilio.
Se escuchó fuerte la voz del economista Rafael Piedrasanta Arandi, quien desde aquella peligrosa época señalaba inequívocamente que aquel era mal negocio para Guatemala.
Piedrasanta, Bauer Paiz y otros, como Tristán Melendreras, se oponen a la minería de metales a cielo abierto.
Para quienes todavía piensan que la minería deja beneficios, El Estor es un excelente ejemplo de lo que queda cuando las empresas mineras se van. El pueblo fue centro de operaciones de la minera, tras el período de bonanza inicial, quedó con altísimos índices de pobreza y violencia.
Ojalá oigamos la voz de más líderes espirituales, economistas y otros profesionales guatemaltecos pronunciarse en defensa de la vida, de las montañas, del agua, de la belleza del paisaje, de la salud, de la soberanía, y de la dignidad de Guatemala.
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