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LA BUENA NOTICIA Justicia sin tardar
Por eso confiamos en la capacidad jurídica y responsabilidad ética de los jueces del país para que la justicia llegue sin tardar en cada uno de los procesos que estudian y favorezcan toda iniciativa
Por:
Víctor M. Ruano
La página evangélica que las comunida- des cristianas reflexiona hoy ofrece una diversidad de perspectivas para su análisis y comprensión. El tema de la justicia es una de ellas. (Lucas 18, 1-8).
Jesús, para instruir a sus seguidores, utiliza el recurso pedagógico de la parábola, género literario que interpela al oyente y le permite reflexionar y sacar conclusiones sobre cuestiones fundamentales de la vida, suscitar un empeño por el Reino y el seguimiento de su persona.
Además, en las parábolas Jesús demuestra sensibilidad por las problemáticas humanas, conocimiento de la realidad de su tiempo y la conducta de la gente.
Esto se percibe en el texto que aquí comentamos, al abordar la realidad que viven los pobres que luchan por la justicia.
Por eso habla de un juez injusto, a quien no le importa la sociedad ni Dios. La formación ética de este jurista es deficiente. Les habla también de una señora viuda que pide justicia frente a un adversario.
El juez no actuó con prontitud como era su deber. Sólo la lucha persistente de la mujer lo moverá para hacer justicia y librarse de una agresión, provocada, no por que ella fuera anárquica y violenta, sino por su irresponsabilidad.
Tanto en la sociedad de Jesús como en la nuestra, los pobres no ven cumplidos sus anhelos de justicia.
Ellos se pierden en la maraña burocrática y legalista que nada tiene que ver con la recta y pronta aplicación de la justicia; son incapaces también de acudir al soborno para comprar jueces corruptos y cobardes, no sólo por carecer de recursos, sino por dignidad y respeto del sistema jurídico.
Mientras que el pudiente de “cuello blanco”, el que ejerce el poder y el que nada en la opulencia se burla de la justicia, más aun el sistema los protege.
Ellos siempre encontrarán formas legales y tramposas para evadir el peso de la ley.
Gritar día y noche, no sólo ante Dios para que haga justicia sin tardar, como enseña el evangelio de hoy, sino frente a un sistema corrupto y quienes viven de él, es una exigencia ineludible cuando la injusticia se ha institucionalizado.
Los esfuerzos llevados a cabo no han sido capaces de asegurar el respeto y la realización de la justicia en todos los sectores de la vida nacional.
Por eso, confiamos en la capacidad jurídica y responsabilidad ética de los jueces del país para que la justicia llegue sin tardar en cada uno de los procesos que estudian y favorezcan toda iniciativa que permita hacer de ella un bastión para la paz y la reconciliación.
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