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CATALEJO Ideas sobre el voto en el extranjero
La petición de autorizar el voto de los emigrantes es buena idea, pero tiene una serie de elementos conexos insustituibles.
Por:
Mario Antonio Sandoval
UNA DE LAS FORMAS más eficaces de mantener la relación entre los guatemaltecos emigrados al extranjero, sobre todo a Estados Unidos, es la comunicación con las familias. Esto tiene efectos en la economía de quienes reciben las remesas y se ha convertido en la principal fuente de ingresos del país, al constituir quienes se van en busca de mejores horizontes el producto más efectivo de exportación, como no sin cierta amargura me decía un compatriota. Esta importancia económica quieren los emigrados agregarle el elemento de la importancia política. Hasta ahora, si quieren votar deben venir a Guatemala, lo cual muchas veces es imposible porque no tienen dinero suficiente o porque no tienen un estatus legal en el territorio estadounidense.
POR EL MOMENTO, los emigrados se sienten, en cierta manera, ciudadanos de segunda clase en el campo político. Ayudan a sostener al país, pero no pueden opinar sobre quién debe manejarlo. Por eso, su petición al presidente Berger en su actual viaje a Estados Unidos, es fácilmente explicable. Tienen voz y quieren poder ser escuchados. La petición es justa. Como muchas de las cosas de este mundo, es muy fácil decirlo, pero a la hora de aplicarlo tiene una serie de aspectos a veces insospechados, porque implican cambios, decisiones paralelas y una organización eficiente, pues el número de los emigrados es demasiado grande y por ello podría ser el factor determinante en el resultado de una elección cuando ésta es muy reñida.
EL VOTO FUERA DEL territorio nacional implica la necesidad de una revisión de la corrección del conteo. Ello supone a la vez la presencia de representantes de los partidos y de las autoridades del Tribunal Supremo Electoral. Por supuesto, la presencia de los candidatos haciendo labores de proselitismo, la organización partidaria, la recolección de fondos. Y así el etcétera puede ser muy grande. Se trata de una buena idea, pero no creo adecuado dejarla reducida a permitirle a los guatemaltecos ir a votar, sin ninguna o con muy poca información previa de los entretelones de cada una de las candidaturas y de las posibles consecuencias de un resultado electoral distinto a otro. No me parece imposible de lograr un resultado positivo, pero el camino es largo.
TAMPOCO SE PUEDE dejar de mencionar el hecho del cambio de perspectiva desde el cual se analiza la vida nacional cuando se está fuera de Guatemala. No se puede tener la vivencia personal de los acontecimientos, y las informaciones llegan con la interpretación otorgada por los familiares, o la interpretación propia de los emigrados. De alguna manera, a la vida nacional se observa como mejor o peor de cómo está realmente. Esto puede provocar cambios en la manera de pensar, a lo cual también contribuye la influencia de los hechos políticos ocurridos en el país donde esos guatemaltecos han fijado su residencia. Uno de los factores más difíciles de comprobar es hasta dónde alcanzan en las personas los cambios provocados por vivir fuera.
ESTAS CONSIDERACIONES no tienen como fin negar a los guatemaltecos residentes fuera el derecho, tan bien ganado, de tener una voz política en las elecciones nacionales. Lejos de eso, creo necesario hacerlo. Simplemente mi idea es demostrar algunos factores adicionales, y pensar en posibilidades de lógica política, como la de tener alguno o varios diputados representantes de estas grandes cantidades de ciudadanos. Otra forma de verlo es empezar con un paso ese camino de mil millas, con el simple ejercicio del sufragio. Pero en ese caso, mi percepción y mi predicción se dirigen a pensar en el poco tiempo necesario para escuchar las peticiones de toda la serie de temas señalados en forma muy breve en este artículo periodístico.
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