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PERSISTENCIA Asesinos épicos
El terrorismo encierra el más salvaje radicalismo ideológico, religioso y nacionalista.
Por:
Margarita Carrera
El ser humano es la única especie animal que se vale del asesinato para eliminar a sus congéneres. Cualquier motivo le parece válido para liquidar al prójimo: celos, envidia, ambición de riquezas y poder, enemistad religiosa o ideológica.
Y se puede observar que, más que la mujer, es el varón quien, a través de la historia de la humanidad, ha venido cometiendo toda clase de asesinatos. Y es mejor no preguntar al criminal el porqué de sus exterminios, pues éste se justificará en una u otra forma y siempre creerá tener la razón y la justicia de su lado.
Pero una cosa es matar pasionalmente al rival con nombre propio, o a alguien determinado que ha ocasionado daño irreparable a uno mismo o a un ser amado; y otra cosa es matar en nombre de un pueblo, de la patria, de la religión o de un ideal político.
A estos últimos los llama Savater “asesinos épicos” y dicen matar por altruismo, para hacer el bien a su pueblo y a la secta religiosa o ideológica a la que pertenecen. También dicen querer cosas admirables para su comunidad: la autodeterminación, la justicia, la seguridad.
Valores altos, sin viles intereses personales. Lo dramático es que tales “asesinos épicos” se creen con el derecho de masacrar de manera indiscriminada a niños, mujeres, ancianos. Lo más perturbador de sus crímenes es que éstos son cometidos altruísticamente, en nombre de una causa que llaman noble.
Esto es lo que se denomina “terrorismo”, el cual encierra el más salvaje radicalismo ideológico, religioso, político o nacionalista.
Estos “asesinos épicos” son los que se trajeron abajo las torres de Nueva York, los que pusieron bombas en el metro de Madrid, los que entran a un supermercado y se hacen volar en mil pedazos en Israel, los que asaltan un teatro o matan a cientos de niños en Rusia.
Generalmente son ciudadanos del tercer mundo o de un pueblo sojuzgado, por lo que han sufrido las peores humillaciones y esclavitud de los pueblos poderosos; humanos a quienes se les ha explotado y negado los más elementales derechos humanos.
Se agrupan en diversas organizaciones y están convencidos de que representan los derechos de su pueblo. Salvapatrias sin conciencia ni cerebro, pero que tienen su propia psicología profunda, regida por inexorables leyes científicas.
¿Cómo, dónde y por qué surgen en el mundo? ¿En qué ambiente socio-político, psicológico y económico se desarrollan? ¿Cuál es la historia del pueblo al que pertenecen? ¿Qué factores psicológicos, físicos y biológicos inciden en sus cerebros? ¿Nacen y se hacen o sólo se hacen?
¿Qué se necesita para que un humano se convierta en un “asesino épico”? Porque no se trata sólo de condenarlos, también de estudiarlos objetiva y científicamente para encontrar el antídoto que libere a la humanidad.
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