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SENTIDO COMUN Increíble, pero cierto
La falta de rigurosidad intelectual mantiene vigente al socialismo como una alternativa de organización social.
Por:
Manuel F. Ayau Cordón
Una curiosidad notable denuestra era es la persistencia de ideas socialistas porque aunque usted no lo crea, aún nadie ha dicho cómo un sistema socialista funcionaría. Y estar a favor de algo que no se sabe cómo funciona, por decirlo suavemente, no es muy inteligente.
Es un fenómeno para psicólogos, pues, inclusive, persisten organizaciones y partidos hasta llevan la palabra “socialista” en su nombre. El colmo: ¡cuando Lenin llegó al poder preguntó a los socialistas fabianos de Inglaterra cómo funcionaba! (Agradecerá a quien sepa de algún libro que describe cómo funciona hacérmelo saber, para sacarme de mi equivocación, si es que la tengo).
En los años 60 me enteré del problema del socialismo y no lo podía creer. Siendo un problema económico investigué y escribí al más famoso profesor de MIT en EE.UU., Paul Samuelson, quien era el autor del texto de economía más utilizado.
No le pedí una explicación, sino sólo una referencia a un libro que explicara la teoría de cómo los socialistas habían resuelto el problema. Samuelson me contestó evasivamente y no me refirió a un libro con la solución. Sin embargo, Mark Skousen nos cuenta que en su texto, Samuelson (ed. 1961) dice que la brecha entre EE.UU. y la URSS se estaba reduciendo y desapareciendo.
Mas tarde (ed. 1985) dijo que la URSS había tenido un crecimiento económico de 4.9 por ciento anual de 1,928 a 1,983; ¡más rápido que EE.UU., Alemania, Japón e Inglaterra! Y justo antes de la implosión económica del Imperio Socialista, afirma: “La economía soviética era prueba de que, contrario a lo que habían dicho escépticos como von Mises, la economía planificada y coercitiva sí podía funcionar y hasta florecer (ed. 1989)”.
Ese generalizado error lo reconocieron destacados, pero honrados, economistas socialistas, como Robert Heilbroner de Harvard. El falso supuesto de la factibilidad del socialismo ha contado con prestigiosos auspicios, pese a que aún en pequeñas comunidades invariablemente ha fracasado, desde cuando lo ensayaron los Pilgrims en la Colonia Plymouth (1620), en EE.UU. Y es increíble que los mismos socialistas aún no saben por qué fracasa: creen que se debe a la gente y no al sistema.
Explicar “cómo funciona” es necesario, porque para que una sociedad exista tiene que tener un sistema que coordine la producción, desde alimentos, hasta lo más superfluo. No se puede ignorar el proceso de toma de decisiones de cómo, cuándo, con qué, dónde y cuánto se produce de cada cosa (i.e. asignar recursos).
No basta suponer que las cosas simplemente “se producen” o, como confiaba Marx, las místicas “fuerzas productivas naturales” se encargan de ello. Un “sistema” no puede ignorar la explicación de cómo se producirá comida, ropa, transporte, libros, teléfonos, automóviles, pintura, etc.
Tampoco se puede simplemente decir que el Gobierno lo hará, pues subsiste la pregunta, ¿Cómo lo hará? Hay que decidir cuáles recursos se van a sacrificar para producir cada cosa, pues hasta para construir una casa hay que destruir (¿aprovechar?) recursos.
El único sistema descrito en textos es el sistema liberal, de mercado, basado en el respeto de la propiedad privada y contratos libres. Se basa en precios que resultan de intercambios de propiedad privada, de oferta y demanda.
En ausencia de propiedad privada no emergen precios económicos y sin ellos no hay manera de asignar recursos y comparar costos reales. Hoy ya se sabe que los países comunistas subsistieron, aunque muy ineficientemente, copiando precios del capitalismo, donde sí hay propiedad privada. Conclusión: estar a favor del socialismo es irracional, meramente sentimental y carente de rigor intelectual.
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