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Guatemala, domingo 26 de septiembre de 2004

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Nacionales

El que sirve... sirve, apoyo comunitario
En lo alto de los Cuchumatanes, donde las nubes parecieran perderse entre las montañas, más de 30 comunidades de Todos Santos, Huehuetenango, se organizaron con el deseo de lograr
Por: Claudia Vásquez

Foto de portada
Emilia Pablo, de 23 años, es atendida por el médico Gabriel Hernández, por su embarazo, en la aldea Cheninhuitz, donde cada 15 días se entregan víveres y se efectúan jornadas de salud. Foto Prensa Libre: Antonio Jiménez.

En contraste con la belleza natural que rodea la cumbre de los Cuchumatanes, se aprecia el abandono de las comunidades. El ambiente transmite un sentimiento de soledad, el cual, sin embargo, está cambiando, gracias a los programas de desarrollo que impulsa el Instituto Mam de Desarrollo Integral (IMDI), que le tiende la mano a quienes lo necesitan.

Entre el frío propio de las montañas, el aire puro y la naturaleza, las humildes casas del caserío Cheninhuitz pocas veces reciben visitas.

Un médico ambulatorio y una enfermera, que llegan cada 15 días a la jornada de vacunación y salud, son sus más frecuentes y esperados visitantes.

“Nunca había visto las vacunas”, comenta, en su idioma materno, el mam, Deisi Petrona Matías Pablo, vecina de Cheninhuitz.

Con la ayuda de un traductor, Matías, quien se hace acompañar de sus dos hijas, agrega que caminaba horas al lado de su madre cuando era pequeña, y alguno de sus familiares enfermaba.

El programa de Salud Comunitaria es impulsado por IMDI, que recientemente ganó el primer lugar del galardón “Apoyando a los que Apoyan”, auspiciado por la Fundación Juan Bautista Gutiérrez.

Mujeres más participativas

Como Pablo, decenas de mujeres acuden puntuales a la cita. Dejan a un lado por un día las tareas del hogar y del campo, para participar del programa, apoyado por personal del Sistema Integrado de Atención en Salud.

La pobreza, el analfabetismo, la falta de servicios de salud y de agua potable, y la deforestación en el área, son problemas que empiezan a ser superados gracias al trabajo comunitario.

Gabriel Hernández, médico ambulatorio, ofrece, además de consultas médicas, charlas sobre alimentación, prevención de enfermedades y salud reproductiva a las mujeres.

Con una pesa elaborada con constales y un lazo, el médico evalúa el peso de los niños, los vacuna y también lleva un control de salud de las madres.

Al concluir la jornada, las beneficiadas reciben una dotación de víveres, que consiste en soya, aceite, arroz y frijol.

Los alimentos son proporcionados por Share, que también apoya a otros departamentos del país.

“Somos pobres, y la comida es una bendición, porque a veces no podemos bajar a mero Huehue’ para comprar”, dice Leocadia Reyes Pablo.

Capacitan a comadronas

Dominga Ramírez, comadrona, cuenta que lleva 14 años de dedicarse a esta labor. “Me siento orgullosa de mi trabajo, y agradezco a todas las organizaciones que nos apoyan, porque somos las que atendemos a las mujeres de estas comunidades”.

“Durante mi trabajo como comadrona, he tenido casos muy difíciles, pero gracias a la capacitación, he sabido actuar para evitar complicaciones”, agrega Ramírez.

Su labor no es nada fácil. Debe caminar casi dos horas para visitar a sus pacientes. Atiende, al menos, un parto al mes.

Con tristeza, relata: “Muchas mujeres ni siquiera disponen de lo suficiente para comer, y tienen partos muy seguido, lo que pone más en riesgo su salud”. Agrega que actualmente se ha integrado una asociación de comadronas, que apoya en los programas de capacitación, aunque resalta que carecen de batas, guantes y mantas, para atender los partos.

Sin embargo, agradece la ayuda económica que recibe de las organizaciones que apoyan su trabajo, ya que le sirve para viáticos y compra de algunos insumos para atender a sus pacientes.

El IMDI emprendió una campaña de concienciación en más de 30 comunidades de la región mam, en donde muchos de sus habitantes dicen todavía que “vivimos en el olvido”, pero hay señales de esperanza, pues también ha empezado a llegar ayuda de la comunidad internacional.

Desde 1991

Desiderio Martín Pablo, coordinador del IMDI, indica que comenzaron su trabajo en 1991, gracias a la ayuda de cooperantes canadienses y la institución “Share” (compartir, en inglés), que trabaja con fondos de Estados Unidos.

“En nuestras comunidades no vacunaban a los niños; las mujeres no aprendían a leer y a escribir, y nuestra riqueza ambiental se estaba perdiendo cada día”, expresa Pablo, y agrega: “Por eso, decidimos organizarnos, para lograr cambios. Aunque todavía falta mucho, ya se han dado los primeros pasos”.

Modesto Matías Pablo manifestó: “Nuestra esperanza se amplía todavía más con el premio que recibimos de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez. Esta es una ayuda que esperamos pueda mejorar la situación de nuestras comunidades”.

Fue gracias a su labor que IMDI obtuvo el primer lugar del premio “Apoyando a los que apoyan”, de entre más de 300 organizaciones nominadas.

Alfabetización

En el caserío Tzunul, leer y escribir es algo que pocas mujeres saben. Los hombres también tienen dificultad, pero como salen a trabajar al campo, y muchas veces al casco urbano, han tenido más acceso al aprendizaje.

Desde hace dos años, se han intensificado los programas de alfabetización en mam y en español.

Capacitadores del Comité Nacional para la Alfabetización (Conalfa), en coordinación con la Asociación de Desarrollo Integral de Mujeres, llevan a cabo programas de enseñanza en escuelas y casas de las pobladores.

La mayoría de alfabetizandas llegan acompañadas de sus hijos. Me enteré del programa por medi de unas vecinas. “Siempre quise aprender a leer y a escribir, pero desde pequeña me pusieron a cuidar a mis hermanos, y nunca pude hacerlo”, dice Marta Calmo, quien llega con su hijo de 8 meses.

Aprenden enseñando

Alicia Pablo Pablo, alfabetizadora, cuenta que estudió hasta tercero básico, y luego tuvo su primer hijo, por lo que no pudo continuar sus estudios.

“Esta oportunidad que me dan de enseñar a leer y a escribir me hace sentir muy contenta, porque también puedo aprender”, expresa. Pablo fue contratada como alfabetizadora, y visita varias comunidades dos veces por semana.

Las mujeres han conseguido mejorar la alimentación de sus hijos y los ingresos familiares con proyectos de microempresas, como la crianza de gallinas ponedoras.

Tiburcio Pablo Bautista, vicepresidente del IMDI, informó que las gallinas fueron donadas por “Share”, por lo que ellos se encargaron de la capacitación y difusión del programa.

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