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Sin ley contra el ruido
Los altos niveles que existen en área metropolitana no sólo provocan agudos problemas de sordera
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| El abogado Édgar Rolando Alfaro Arellano es el único guatemalteco que forma parte del Consejo Internacional de Derecho Ambiental con sede en Bonn, Alemania. Foto Prensa Libre: Luis Echeverría. |
Los altos niveles de ruidos que existen en el área metropolitana no sólo provocan agudos problemas de sordera en la mayoría de los capitalinos, sino que afectan el sistema nervioso y los vuelve más propensos a la violencia. Sin embargo, no hay una norma que los regule.
Si de algo se ha preocupado Édgar Rolando Alfaro Arellano, es del impulso de una legislación ambiental que permita resolver los problemas ecológicos más agudos de Guatemala.
Una de sus preocupaciones fundamentales es la de descubrir una fórmula efectiva que elimine el ruido en la ciudad.
Abogado y Notario de profesión y director de la Maestría de Derecho Ambiental, en la Universidad Mariano Gálvez, Alfaro Arellano también pertenece al Consejo Internacional de Derecho Ambiental con sede en Bonn, Alemania, e integra la comisión que se encarga del tema en la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza.
En principio, ¿qué es el ruido?
El ruido es un sonido no deseado por la persona y constituye uno de los azotes más generalizados para los habitantes de la capital.
¿Desde cuándo se agudizó el problema en Guatemala?
Desde antes de 1978, cuando comienzan a identificarse intensidades de ruido, más allá de los 80 decibeles, en las cercanías de la Terminal Aérea La Aurora.
¿Cuáles son los elementos que más interfieren en la tranquilidad de los guatemaltecos?
Uno: los camiones, camionetas y vehículos pequeños que llevan escapes abiertos o los aparatos radiofónicos a todo volumen.
Dos: los comercios que acostumbran a colocar bocinas en la puerta de sus locales.
¿Qué influye para que la población no le ponga atención al problema?
Como no hay una legislación específica para controlar el sonido, la población no toma conciencia del daño que se provoca con tanta bulla.
¿Y la Ley de Conservación del Medio Ambiente?
El artículo 17 de la Ley de Conservación del Medio Ambiente dice que el Organismo Ejecutivo debe emitir los reglamentos necesarios relacionados con la emisión de energía en forma de ruido, sonido, microondas, vibraciones, ultrasonido o acciones que perjudiquen la salud física y mental y el bienestar humano, o que cause trastornos al equilibrio ecológico.
Pero eso no se cumple.
No. No se ha hecho nada al respecto. A la Ley del Medio Ambiente le hacen falta cerca de 20 reglamentos para hacerla operativa.
En el caso del ruido, creo que debería emitirse una ley específica y no un reglamento nada más.
En otras la palabras, no hay ley que regule el ruido.
No. Un ligero intento se hizo con la Ley de Tránsito. El problema es que no se propusieron parámetros para saber cuántos decibeles son los permitidos en áreas concurridas, en qué lugares y por qué causas.
Y si no hay ley, ¿usted cree que alguna organización privada o entidad gubernamental tendría el valor de responsabilizarse del problema?
Debería ser la Municipalidad metropolitana, a través de su Unidad de Control del Medio Ambiente.
¿Qué mecanismo recomendaría usted para ponerlo en marcha?
En 1996, el Congreso emitió la Ley de Fomento de la Conciencia Ambiental, promovida por el diputado Antonio Móbil, pero se quedó engavetada. Nadie le hizo promoción.
¿Y qué contemplaba esa norma?
La ley proponía campañas educativas intensas en los centros educativos, tanto públicos como privados. También por los medios de comunicación escritos, radiofónicos y televisivos, a través de programas educativos, pero no tuvo eco.
Según sus estudios, ¿cuántos años llevamos luchando contra el ruido?
Unos 15 años, aunque los estudios de 1978 presentaban un alerta de que la situación no andaba muy bien.
¿Y cuántos años pasarán para que la población ponga de su parte para evitarlo?
Mientras no haya voluntad política de las instituciones responsables del ambiente, y la población no se eduque en materia ambiental, pasarán años para resolver el problema.
Basta con darse cuenta de cómo las personas, ahora, lejos de hablar, gritan, lo cual significa que se están quedando sordas. Hay estudios científicos que demuestran que un trauma auditivo provocado por ruidos intensos no puede ser curado por ningún especialista.
Afecta la salud
Se ha determinado que el ruido ambiental en la capital de Guatemala ha alcanzado niveles que exceden los estándares internacionales de permisibilidad.
El ruido ambiental es una seria fuente de afecciones físicas y sicológicas en todo ser humano, las cuales se manifiestan lentamente, según un estudio efectuado a principios de este año por la facultad de Ingeniería, de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac).
Entre los efectos físicos provocados por el ruido, se conoce que, a partir de exposiciones a 66 decibeles, pueden darse descensos en el movimiento normal del intestino y en la visión nocturna, comenta el médico Alfonso Ramírez. También son afectadas la capacidad de conciliar el sueño y la concentración intelectual.
A partir de los 86 decibeles, pueden esperarse aumentos en la presión arterial, la frecuencia respiratoria y el pulso, y también fatiga y pérdida de la audición, indica el documento de la Usac.
Estudios de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. acepta que esta pérdida auditiva es detectable hasta en un 10 por ciento de una población expuesta varias horas a la semana a ruidos con una intensidad de 76 decibeles.
Más en el Centro Histórico
Un estudio de la Universidad Rural señala que los ruidos en distintos puntos del Centro Histórico generan una intensidad de 94 decibeles, 29 por encima de lo establecido por la Organización Mundial de la Salud.
Agrega que la fuente de ruidos más comunes está en los motores, bocinas de vehículos y los autobuses, y de amplificadores situados a la entrada de negocios.
A pesar de que los ruidos excesivos provocan severos daños a la salud de los guatemaltecos, en el país aún no existe una legislación para controlar el ruido y, menos, sancionar a quienes provocan contaminación ambiental.
Nervios y violencia
Alfaro Arellano considera que los problemas ambientales por ruido no se terminarán si las autoridades no hacen conciencia de lo urgente de impulsar proyectos de educación en las escuelas.
“El ruido provoca problemas de salud y hasta violencia. ¿Cuántas personas no conducen con los ánimos levantados, a causa del ruido?”, se pregunta.
El experto pone como ejemplo la experiencia de Córdova, Argentina, donde se promovió la denominada “Semana del Silencio”, para que los habitantes sintieran la diferencia entre la bulla y la tranquilidad. “En Guatemala podría promoverse aunque sea un día del silencio”, dice Alfaro Arellano.
Otro ejemplo crítico es el de los Estados Unidos, en donde por lo menos cinco millones de niños sufren problemas de sordera, sin que los especialistas logren identificar las causas que los provocan.
En Guatemala no hay estadísticas para saber cuántos sordos hay en el país, pero expertos aseguran que la cantidad es alarmante.
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