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Tres puntos...: Carta de un lector (II parte)
Por:
Guillermo Monsanto
La semana pasada anoté unas guías alternativas para darle curso a las inquietudes de César Cruz Pinto que, en mayor o menor medida, son las que comparten muchos otros artistas jóvenes.
Las mismas giraban torno a ¿cómo hace un artista núbil para optar por una oportunidad para exhibir en una buena galería?
Respondí con algunos consejos que espero le sean útiles a él y a otros artistas. Podría ser interesante, además, que rastreara oportunidades en Internet. En cualquier sala pública podrá encontrar a alguien que le oriente para utilizar los buscadores.
Quedó para esta semana la pregunta más inquietante: ¿por qué un creador se tiene que plegar a las modas estilísticas y técnicas, perdiendo así su identidad? La realidad es que ningún artista tiene que plegarse a ningún tipo de moda.
Si bien es cierto que la rueda del progreso va facilitando el conocimiento de ciertos medios de expresión que complacen los gustos de curadores y propietarios de espacios culturales, es el artista quien hace las modas. Los otros solo las promueven.
Uno de los grandes problemas con la identidad de algunos artistas es que se sienten obligados a abandonar ciertas tecnologías en beneficio de otras que consideran de más impacto económico. El paisajista o el que hace pintura costumbrista, ha quedado fuera de ciertos espacios porque su trabajo no se amolda a los parámetros y a determinado tipo de coleccionista.
Sin embargo hay actividades en donde la democracia se impone y en las que se pueden ubicar infinidad de trabajos de todo cartel. Un buen ejemplo de ello lo brinda el catálogo de la Fundación Rosas Botrán o Junkabal.
Un expositor puede aportar elementos de importancia desde cualquier estilo. Se me ocurre pensar en nuestro paisajista vivo más destacado: Luis Álvarez (1917). Este artista se ha caracterizado por proponer matices de luz que han influenciado a muchos autores. Su manejo de espátula, el sentido tan especial del color, le ha mantenido en la cima desde hace muchas décadas y esto hace que su pintura quepa en cualquier galería de arte.
En la punta contraria se encuentra Jorge Mazariegos Maldonado, quien ha desarrollado una buena reputación en el campo del paisaje. Este año triunfó en la Bienal de Arte Paiz con una variación más personal y sin perder la filiación técnica y estilística. Su evolución en el campo se percibe espontánea.
Lo más importante es quedarse con la idea clara: un artista no tiene porqué dejarse llevar por los criterios de otros, aunque por lo menos debería conocerlos. Su misión es crear y ahoyar el camino. Siempre habrá un visionario que sepa presentarlo al público.
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