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CATALEJO Algunas ideas sobre “populismo”
La palabra “populismo” aún no ha sido aceptada. Por tanto, quien la usa lo hace con un significado individual.
Por:
Mario Antonio Sandoval
DURANTE LOS ÚLTIMOS días, el ambiente político nacional se ha agitado un poco más de lo normal debido al uso de la palabra “populismo” y sus derivados. Al revisar el Diccionario de la Real Academia sólo aparece la palabra “populista”, calificada como un adjetivo, y definida como “perteneciente o relativo al pueblo”. En ese sentido, todos lo partidos políticos y las demás instituciones de una democracia caben en este concepto y deberían ser populistas para tener mayor posibilidad de lograr adeptos o de ser exitosos políticamente. El diccionario sí define a otros conceptos políticos como “continuismo”, o “comunismo”. Pero el término “populismo”, talvez por ser demasiado nuevo, aún no se ha convertido en palabra aceptada oficialmente.
AL NO EXISTIR en el idioma oficial, el concepto de populismo puede ser tan amplio como la mentalidad de quien lo utiliza. Cada persona le puede incluir o excluir determinadas ideas. Es necesario entonces ponerse de acuerdo, según los criterios políticos, sociológicos, psicológicos, legales -en una palabra, humanísticos- para saber la relación existente entre este concepto y el de la palabra “pueblo”, con la cual se relaciona. Este vocablo es definido como “ciudad o villa”, “población de menor categoría”, ambos inaplicables en este caso, pero también significa “conjunto de personas de un lugar, región o país”, y “gente común y humilde de una población”. Es este sentido de relación humana el importante para este esfuerzo de definición.
EL USO ACTUAL DE LA palabra populismo la coloca como sinónimo de doctrina engañosa para el pueblo. Es, entonces, un vocablo negativo. Se necesita pensar en cómo definir o clasificar las acciones legítimas relacionadas con el pueblo, para evitar una mezcolanza de ideas respecto de un concepto determinado. Evidentemente, no cualquier acción a favor del conglomerado social es engañosa y por eso no puede ser calificada de pertenecer al populismo. Y por otra parte, se debería pensar si en la definición de este nuevo concepto político no puede caber una referencia a aquellas acciones o criterios cuya presencia conviertan a una acción de beneficio popular en una populista, pero no tan general como la define hoy en día el diccionario.
TAMPOCO SE DEBE confundir la idea de populismo con la de rechazo absoluto al concepto filosófico, político y lingüístico del individualismo, es decir de la doctrina según la cual existe autonomía y supremacía de los derechos del individuo frente a la sociedad y al Estado. Se puede y se debe lograr un equilibrio entre ambos criterios, tendiente a buscar un balance entre los extremos, en este caso de considerar al individuo o al grupo la única entidad digna de derechos. Ante este tipo de conceptos, todos ellos con una parte importante de la verdad, es necesario asumir una posición balanceada, lo cual no implica hacerlo desde una postura intermedia basada en la comodidad, en un centrismo alejado de las necesarias e inevitables definiciones.
EN LA PRÁCTICA política debe hacerse una separación entre una acción de beneficio popular porque ayuda a tener comida, por ejemplo, con otra consistente en el regalo demagógico de alimentos. Con lo primero se beneficia al mediano y largo plazo; con lo segundo se arregla un problema, un período corto de tiempo. Cualquier persona relacionada con la idea de beneficiar a la mayoría debe estar interesada en aportar criterios para llegar a una correcta definición de populismo. Mientras tanto, el problema de usar ese vocablo radica en la ya mencionada variedad de criterios para emplearlo. Una vez logrado este concepto ya se facilita la tarea, necesaria también, de saber cuándo ha sido aplicada en forma adecuada y sin agendas ocultas.
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