|
Inocencia robada
Aumentan personas menores de edad que ejercen la prostitución
Por:
Claudia Munaíz, Julio Vásquez
 |
| En Coatepeque, suroccidente del país, se encuentran hoteles donde personas menores de edad, en su mayoría centroamericanas, ejercen la prostitución. Foto Prensa Libre: Elena Prieto. |
Unos zapatos de tacón consiguen que luzca seis centímetros más alta, y el carmín de sus labios esconde su edad. Maquillada y con un vestido ceñido, espera al primer cliente. Debería estar jugando con muñecas, pero en vez de eso, Karen-- vive y trabaja en un prostíbulo de la frontera guatemalteca con México. Aún no ha cumplido 15 años.
“A millones de niños en todo el mundo se les compra y se les vende como si fueran objetos, y se les utiliza como esclavos sexuales”, afirmó Carol Bellamy, directora ejecutiva de la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
En la región fronteriza entre Guatemala y México, este hecho cobra cuotas alarmantes: el número de personas menores de edad utilizadas con fines sexuales aumenta cada día.
Vertedero humano
Coyotes, narcotraficantes y proxenetas se mezclan en las denominadas zonas rojas. Según los vecinos: “Los taxistas tienen mucha conexión con los dueños de los negocios, y se van a buscar a las muchachas para llevarlas a los bares”.
Tras la baranda, aguantando 30 grados a la sombra y con el ventilador, cinco jóvenes conversan en una mesa. “¿Será que el azul tiene mi talla?, pregunta una. “No, pues, se acabaron, pero este pantalón amarillo seguro que le entra”, dice otra.
Ésta es una de las escenas típicas que se viven en los pasos fronterizos entre Guatemala y México. Previo a la dura jornada que les espera a las miles de prostitutas de El Salvador, Nicaragua, Honduras, México o Guatemala, las jóvenes venden y compran ropa.
Ya no juegan con muñecas
“Empiezo a trabajar a las 11 de la mañana y termino hasta las 3 de la madrugada”, comenta Carla*, originaria de la capital de Guatemala. Por temor, dice que tiene 20 años, pero su rostro de niña la delata.
Con un bebé en brazos, cuenta que los dueños del bar “me multan por recibir llamadas al celular, con Q70 si voy a la puerta, Q50 si estoy dentro”, continúa Carla.
Otra escena que se puede ver es la del cliente que entra y pregunta por la más “apretadita” (la más joven). “Esas niñas son las más valoradas por los dueños de los negocios, porque las ofrecen como vírgenes”, afirma la periodista Isabel Pisano en el libro “Yo P... Hablan las prostitutas”.
Muchas tienen deseos de salirse, aunque algunas ven la oportunidad de hacer dinero rápido y viajar hacia Estados Unidos. “Tengo 10 meses de estar trabajando para ir a los Estados. Voy a distintos lugares para que no me encuentre la migra”, refiere Paty*, salvadoreña, de 17 años.
En el puesto de Salud de Coatepeque, varias jóvenes acuden a recibir profilaxis sexual.
Las menores de 18 años se muestran reticentes, porque no tienen documentos. Pero alguna habla, como Jenny--, de Escuintla, quien confiesa tener 16 años y una niña de 2: “Me vine por la bebé, y porque en mi casa me pegaban”. Afirma no haber padecido nunca ninguna enfermedad, y que los clientes la tratan bien.
No así Corina, quien se queja de que “algunos hombres, ya en el cuarto, piden que les hagas cualquier cosa y una no quiere”.
Las cifras de la vergüenza
En cuanto a las cifras y estadísticas, hay mucha dificultad para obtener los datos reales. “Las personas menores de edad tienen miedo a ser deportadas o maltratadas por sus dueños”, explica Dora Giusti, oficial asistente del programa del área de protección de Unicef.
Ofelia Calcetas, Relatora Especial de Naciones Unidas en el tema de venta de niños, prostitución infantil y utilización de los niños en pornografía, declara en el informe “Diagnóstico de situación: la explotación sexual comercial de niños, niñas y jóvenes en Guatemala”, de 2000, que “solamente en la ciudad capital hay más de dos mil niñas y niños que son explotados en más de 600 lupanares”.
El número de personas menores de edad utilizadas sexualmente ha aumentado por varias razones: crecimiento de las migraciones, auge de la violencia, situación económica de muchas familias, etc. “Las políticas migratorias y el crimen organizado favorecen la trata de blancas y la migración ilegal”, afirma Giustei.
“Allá éramos muy pobres, ganaba 400 lempiras (el equivalente a Q250) limpiando casas”, dice Caty*, hondureña, de 17 años, que llegó a la frontera hace cuatro meses. Ahora cobra Q60 y Q70 por “ocuparse”. “Es muy difícil adaptarse al ambiente, por tener que meterme con diferentes hombres”, agrega.
Mientras se buscan soluciones a nivel internacional, proyectos específicos de sensibilización y mecanismos de control locales para poner fin a la explotación sexual infantil, Karen--, de 15 años, busca en su bolso la inocencia que un día le fue arrebatada. Pero en vez de una muñeca, saca un crayón de labios.
--Todos los nombres son ficticios, para preservar la identidad del entrevistado.
“Baile, fiche y drogas, era la rutina”
Con 14 años aprendió corte y confección en El Salvador. Un año después, estaba en Guatemala en la prostitución. Hoy, tras una máquina de coser, Estela--, una mujer de 28 años, de ojos verdes, habla de su experiencia.
“Ahora vivo tranquila, y gracias a Dios estoy limpia”, afirma.
La historia de Estela es extrapolable a los cientos de niñas que llegan, ya sea por engaños o por necesidad, al mundo de la prostitución. “Mi papá me corrió de casa porque metí la pata con un novio”, recuerda.
Estela leyó el diario, y vio un anuncio que pedía muchachas extrovertidas para trabajar en el extranjero. “Llamé y me llegaron a traer. Pasamos la frontera y no me dijeron nada. El hombre me llevó a un bar de la capital donde sólo había menores, como yo”, relata.
A una barra-show
“Un día, una patoja me dio droga para aguantar el sueño, y empecé a ocuparme (sexualmente).
Hacía buen dinero”, cuenta. Sufrió vejaciones y pasó miedo. Después se fue a una barra-show. “Seguí con la rutina: baile, drogas, fiche (tomar bebida)”. A los 17 años, viajó con un hombre a El Salvador.
A los 22 años, regresó a Guatemala y al ambiente. Quedó embarazada y tuvo una niña que dio a cuidar por Q600 mensuales. Por deudas adquiridas, se la quitaron.
Conoció a su actual pareja, Roberto-- en una barra-show, y tuvo un hijo. “Siempre me ha apoyado en todo”, enfatiza. Hoy, Estela se gana la vida cosiendo, y vive feliz: “Algún día llamaré a mi papá, antes de que sea tarde”. “Si me tuviese que arrepentir de algo, incluiría a mi hijo, y de él jamás me arrepentiré”, dice con la cabeza bien alta.
Drama sumergido
El fenómeno de la prostitución infantil y la explotación sexual es muy complejo, por falta de datos cuantitativos.
Ecpat Guatemala estima que de dos mil adolescentes, mil 200 son salvadoreñas, 500 hondureñas y más de 300 guatemaltecas.
Casa Alianza halló 668 adolescentes centroamericanas en 197 centros de prostitución del país.
De ellos, 179 menores de edad y 423 jóvenes con apariencia de 13 y 17 años.
Según la Convención de derechos de niños y niñas, se es niño de 0 a 18 años.
La OIM califica este fenómeno como una de las formas de violencia más brutales de que son objeto las mujeres.
Hay que aplicar programas de prevención y sensibilizar al público sobre la explotación sexual infantil.
La Secretaría de Bienestar Social abrirá centros para niñas que sufren explotación sexual.
En 1998, se condenó al matrimonio formado por Amanda Méndez y Faustino López por delitos de perversión de menores y explotación sexual contra menores de 14 a 17 años.
|