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Guatemala, lunes 27 de septiembre de 2004

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Nacionales

Drama de un asalto
Veinte pasajeros de un bus urbano fueron retenidos durante tres horas
Por: Olga López

Eran las 19 horas. Un tipo de mediana estatura, de complexión fuerte, se paró justo cuando varios pasajeros pretendían bajar del automotor, y antes de que nadie pudiera decir una palabra, gritó: ¡Este es un asalto, entreguen todas sus pertenencias!

El ayudante del bus, en lugar alarmarse, tomó una mochila y se dedicó a recoger los objetos de valor de las 20 personas que viajaban en la unidad. Otros dos delincuentes, armados, vigilaban los movimientos de los pasajeros.

Ramiro--, uno de los usuarios, entregó su celular, billetera y unos libros. Otros creyeron que el jefe de los asaltantes no se daría cuenta de lo que entregaban, por lo que echaron en la bolsa objetos sin valor.

Sin embargo, cuando observaron la expresión del cabecilla al revisar los objetos que habían entregado, comprendieron que lo peor estaba por venir. Inmediatamente levantó la vista y los vio de manera amenazante.

¡Hijos de la gran…… creían que me iban a engañar! ¡Todos agáchense, y cuidado con pararse; si no, se mueren!

Luego, con señas le ordenó al piloto -que era su cómplice- que apagara las luces y se dirigiera a otro lugar.

En ese momento, por la mente de Ramiro pasaron muchas cosas: “¿Nos van a matar, torturar, o qué nos harán? El miedo lo invadió, y se acrecentaba cuando percibía que el vehículo se adentraba a un lugar solitario, pues no se escuchaba ningún ruido del exterior.

Igual que los otros pasajeros, sólo sentía cómo el bus avanzaba sobre un camino de terracería.

Su percepción fue acertada. Los asaltantes los habían llevado a un terreno baldío del municipio de San Miguel Petapa.

¡Bueno, hijos de la gran…. ahora sí me entregan todo lo que tengan, porque si no me los quiebro!

“En ese momento escuché un grito de dolor de uno de los pasajeros, a quien los delincuentes golpearon en la cabeza, ya que se atrevió a levantarla para saber dónde estaba”.

Nadie se atrevió a levantarse para auxiliarlo, porque significaba que cualquiera que lo hiciera sería el próximo en salir lastimado.

Por casi una hora, los ladrones se dieron a la tarea de registrar uno a uno a los pasajeros. A la mayoría les quitaron los zapatos, a sabiendas de que muchos guardan allí su dinero.

Una joven estuvo a punto de ser violada, ya que se resistía a entregar el dinero que llevaba en el sostén.

En el “manoseo”, el ladrón encontró el dinero, y en tono sarcástico le dijo: “Estos Q1,500 te salvaron”.

A otra joven, una llamada a su celular la delató. Lo llevaba empuñado en la mano, y sin pensarlo dos veces, los ladrones se lo arrebataron.

“Cuando me tocó mi turno, pensé que al no encontrarme nada de valor me golpearían, en venganza”, relata.

“¡Tu celular!”, le gritaron, pero Ramiro no se inmutó y, en tono enérgico, les respondió que ya lo había entregado, por lo que no insistieron.

Tras despojar a los pasajeros, el jefe le ordenó al piloto que prosiguiera la marcha hacia la colonia Bellos Horizontes, zona 21, donde se alejaron, rumbo a un asentamiento de ese sector.

Antes de irse, el cabecilla le arrebató la llave al piloto, quien trató de disimular su complicidad con los delincuentes.

Sollozos, nervios e impotencia se reflejó en los rostros de los pasajeros luego del atraco.

Estuvieron tres horas en poder de los maleantes.

Los afectados fueron auxiliados por un grupo de agentes combinados que pasó por el lugar, que, luego de tomar sus datos, los trasladó a sus viviendas.

Los asaltados aprovecharon ese momento para denunciar al piloto, quien fue detenido inmediatamente.

Los pasajeros describieron a los delincuentes con características de ex policías, por la manera de expresarse y de manejar la situación.

Esta es la experiencia de Ramiro, quien fue víctima de un asalto y secuestro temporal del autobús en la ruta a Prados de Villahermosa, hace tres semanas.

--Nombre ficticio.

En aumento

Pese a las acciones policiales, los asaltos a buses van en aumento, con cauda de muertos y daños a usuarios, pilotos y ayudantes.

La Asociación de Empresas del Transporte Urbano reporta unos 200 asaltos diarios en las unidades del transporte urbano de la capital.

Los buses son atracados principalmente por los pandilleros. Pero, según las últimas denuncias, ahora son blanco de ex policías y jóvenes de clase media.

Este último grupo roba sólo celulares a los pasajeros.

Uno de los problemas que afronta la Policía Nacional Civil para combatir este flagelo es que los pilotos de los buses no denuncian cuando son acosados por los mareros, señala Óscar Pivaral, vocero de esa institución.

Sin embargo, indica que la Policía continúa con las acciones para capturar a los asaltabuses, que en su mayoría son pandilleros.

A su juicio, han disminuido esos hechos delictivos.

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