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EDITORIAL Es necesario regular los desfiles
Evidentemente no era la intención de los organizadores y patrocinadores, pero el desfile realizado el domingo anterior para presentar globos gigantes de personajes de los dibujos animados, convirtió a un grueso sector de la parte sur de la capital en un verdadero caos vehicular y, lo peor, aisló al Aeropuerto Internacional La Aurora, adonde no pudieron llegar los pasajeros que salían y por ello el país quedó virtualmente incomunicado algunas horas.
La actividad fue exitosa desde la perspectiva de haber sido un espectáculo gratuito y familiar al cual asistieron miles de personas a disfrutar de un entretenimiento sano de los que son pocos en estos tiempos.
Pero todo lo ganado se perdió porque fue notoria la poca organización del desfile, en cuanto a no haber pensado en los problemas de tránsito que obligatoriamente iban a producirse, debido a los cuales cientos de automovilistas quedaron atrapados por casi tres horas en las zonas 9, 12 y 13.
El asunto es digno de comentario porque el error es compartido por los organizadores, al no haber dado información suficiente al respecto, y sobre todo por la municipalidad capitalina, que permitió el cierre del bulevar Juan Pablo Segundo, donde no sólo fueron permitidas áreas con tarimas para los espectadores, sino que muchos vehículos fueron estacionados en el lugar, escogido supuestamente porque allí no hay alambres de la energía eléctrica y ello permite el paso de los globos.
Por aparte, no hubo suficientes agentes policiales para ordenar el tránsito y los que estaban optaron por no hacer nada, sobre todo después del final del desfile, cuando miles de peatones atravesaban juntos el bulevar Liberación, así como calles de la zona 12, para dirigirse a tomar los autobuses o regresar a sus casas.
La comuna tiene la responsabilidad mayor, porque no existen normas para reglamentar este tipo de actividades. Hay algunas parecidas que ya son tradicionales, sobre todo durante el fin de año, pero de todos modos crean embotellamientos de tránsito.
Por eso se hace imperativo que dichos desfiles se hagan en lugares donde la capital no quede parcialmente paralizada. Es irónico que uno de los patrocinadores sea el Instituto Guatemalteco de Turismo, porque el daño a la imagen turística del país fue evidente, al perder muchos viajeros sus conexiones.
Los patrocinadores en realidad no son responsables. Ellos desean lograr una promoción positiva y popular para sus marcas comerciales o del nombre de sus instituciones, pero suponen que todo ha sido planificado en forma adecuada. Ahora, no haber habido una organización aceptable los hizo quedar mal ante quienes resultaron afectados por los resultados inesperados del desfile.
La lección de este caso consiste en entender que la municipalidad capitalina ya no se puede dar el lujo de permitir el bloqueo de calles, avenidas y bulevares estratégicos, porque los embotellamientos y paralización de actividades es un precio muy alto para pagar por quienes resultan afectados tanto en forma directa como indirecta.
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