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Guatemala, martes 28 de septiembre de 2004

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Opinión

SIEMBRA
Zapatero a tu zapato

“Muchos de los que podrían salvarse como particulares se condenan como hombres públicos”. Cardenal Richelieu.
Por: Carlos Zúñiga Fumagalli.

En toda sociedad es necesario unir la capacidad de todos los ciudadanos para alcanzar logros comunes. Por la misma naturaleza del ser humano, cada quien tiene habilidades variables y, teniendo oportunidad, se especializa en una labor específica. La unión de los resultados del esfuerzo de cada persona en su área de trabajo genera la productividad y el desarrollo en la comunidad.

Este tema no sólo se aplica a los profesionales universitarios o a los altos ejecutivos empresariales, se aplica a los pequeños agricultores, a los mandos medios de oficinas, a las obreras en las fábricas, a las amas de casa en el hogar, etc.

Esto es válido no sólo en la labor individual; de igual forma las instituciones, a través de la especialización de sus miembros, cumplen a cabalidad con responsabilidades muy definidas en su entorno social.

El incumplir esta lógica genera falta de eficiencia en detrimento del bien común. La sociedad guatemalteca no es ninguna excepción a la regla y los chapines debemos estar claros de esta realidad.

No es posible que permitamos que los abogados diseñen carreteras ni que los ingenieros interpreten la ley. ¡Imaginémonos el resultado de un equipo de arquitectos diseñando un programa de cómputo para la contabilidad, o bien un carpintero haciendo una fundición de terraza!

Créanme que respeto mucho la habilidad de las profesiones que utilizo como ejemplo. Sin embargo, nadie puede negar que el resultado de tal implementación sería un fracaso, un desperdicio de recursos y un alto costo de oportunidad.

Hago un llamado de reflexión a los guatemaltecos en búsqueda del bien común por medio de la eficiencia. Hay quienes con buena intención pero sin propiedad, se involucran en temas que no encajan con su preparación o vocación; tal es el caso de los obispos y el cardenal católico, a quienes respeto y admiro como guías espirituales, pero no como expertos en hidroeléctricas, minería o economía. Existen personalidades especialistas en la materia que sí pueden opinar con propiedad.

Las iglesias deben dedicarse a su única e invaluable función: salvar las almas.

Dicho sea de paso, tienen mucho trecho por recorrer; si no la violencia intrafamiliar, el crimen, las maras, violaciones, abuso infantil, etc., no estarían incrementando todos los días. Por lo tanto, los llamo a la reflexión para que retomen el esfuerzo en recuperar los valores morales y los principios éticos que tanto nos hace falta como sociedad.

Este tema va de mal en peor, por lo que la guía espiritual efectiva y sin distracción es urgente, necesitamos su ayuda. Me pregunto si alguna vez se han cuestionado ¿Por qué cada día somos menos los católicos? Zapatero a tus zapatos… con todo respeto.

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