|
Plástica: Atitlán - Luis Díaz
Por:
Irma de Luján
La fotografía sirvió de base para documentar la obra del lago de Atitlán del maestro Luis Díaz, fotos tomadas desde el centro del lago, lo que permitió un panorama total.
"Después de visualizar los tres cuadrados de cada tríptico, decidí recortarlos y conservar únicamente una franja de agua gris como horizonte". (L. Díaz).
La sensación que provoca al colocarse en el centro de la estancia donde esta colocado este montaje ambiental, surge del principio de la "limpidez" y de inmensidad, que se crea mentalmente, creando una red inextricable de relaciones entre lo real y una búsqueda superior.
La estabilidad de la composición crea una sensación suplementaria, lograda por la justeza de las formas y sus interrelaciones con un ritmo casi musical.
Luis Díaz ha creado un universo plástico, que hecha por tierra todas las reglas clásicas de la composición, dando la apariencia de respetarlas.
El Atitlán de Díaz es un paisaje atípico, sus componentes son abstracciones que apoyándose en lo visible nos envían ideas de lo que es el paisaje.
El color lo sustituye el metal que suma los treinta metros lineales, este esta trabajado por miles de líneas que se encuentran, van paralelas, para luego convertirse en pequeños prismas que atrapan la luz.
Con esta técnica se alcanza una "nueva dimensión", creando una síntesis entre lo onírico y lo real. Sabio esquema repartido en trípticos, donde interviene la simbolización y la formalización, entre los polos extremos de una nueva estética de la figuración.
Luis Díaz basándose en estrictas simetrías y geometrías, nunca convencionales, convierte al conjunto en ese elemento difícil y extraño que llamamos "lo sublime".
Logra elaborar en esta obra una verdadera iconografía aplicada a la estética y así poder definir el espacio social que crea esta obra, dejando que la dimensión critica pase a un segundo plano, pero siempre presente.
Con el arte se puede expresar el sentido profundo de la naturaleza, y es aquí de donde surgen las mitologías que nacen de la capacidad del artista.
Para él lo cotidiano no existe, como tampoco el tiempo que únicamente en el instante que pasa.
El Atitlán de Luis Díaz más que un paisaje es una suerte de meditación, sobre las relaciones que existen entre la naturaleza y el hombre.
Sin color, sin agua esta interpretación de Atitlán es más que verdadera, porque aquí no existen arbitrariedades entre el hombre y sus relaciones con la naturaleza porque su realidad nace de un principio espiritual logrando llevar la utopía a una realidad o la realidad del artista.
Luis Díaz crea todo esto sin especular ni forzar, puesto que es una meditación estética.
Esta obra esta expuesta en el Salón Marco Augusto Quiroa del Hotel Museo Casa Santo Domingo, en la Antigua Guatemala.
|