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Loor a la patria:
Poema “A Guatemala” (Angelina Acuña)
“Eres la gesta heroica de cien caciques bravos,
cuyo ancestro palpita sobre tu adusta sien,
donde el Usumacinta se derrumba en un reto,
mientras sobre tu ceño bravío se enmaraña
la greña lacandona del Petén.
Tu sangre, que a los vórtices rueda
sobre un cauce de siglos, va arrastrando
clamores de conquista, de muerte, de victoria…
¡epinicio que vibra perpetuando
el eco en que se alargan los gritos de tu historia!
En el perfil soberbio de tus moles andinas
te elevas en deífico homenaje:
tu majestad telúrica, grandiosa de plegarias,
ofrenda tus auroras en aras del paisaje;
y desde el huracán que se suicida
sobre la crestería de los Cuchumatanes,
hasta el fervor de espuma que de tus mares sube,
¡eres la sinfonía de un cósmico Cantar
de los Cantares!
¡Así eres recia y bella!
con reciedumbre de volcán erguido
Y torrenciales himnos despeñados;
¡bella! entre la joyería de tus lagos,
estuches en que vuelca los cambiantes
de tu chachal de lázulis, el cielo;
¡bella! con la prestancia de tu güipil en fiesta
hilado de esplendores tropicales,
bordado en un percal de primaveras
con sedas tornasoles de quetzales!
En tu risa despuntan los celajes
besando los maizales floridos de esperanza;
cantas, y hay una escala de cenzontles
como espiral de oro por la que baja el día;
danzas, y la marimba se emborracha de sones;
lloras, y es cerbatana que avienta proyectiles
cuajados en dolor, ¡la chirimía!
Has llenado de lumbre tu tinaja celeste
con la canción de un chorro de luceros;
y despiertas el alma tropical de la noche
si quiebras el hechizo de tu cántaro
derramado en astrales aguaceros.
Tus labios son de piedra cuando narras
tu leyenda aborigen de ruinas milenarias;
los poemas ciclópeos de pétreas melodías
que duermen en la pauta de los siglos,
despiertan al conjuro del sonoro silencio de tus labios.
Yo pulsé tus caminos, como arterias
vibrantes en dinámicos empujes,
en cuyo ritmo ardiente va la vida
trepidando en la sabia de las renovaciones,
con alientos que ensanchan tu fuerza primitiva.
Te he visto descender sobre las sierras
rumbo a las fiestas criollas de la fe y la vendimia;
y eras como un rosario de cuentas sudorosas
desgranando un ritual entre los pinos:
oración de esperanza para ungir tu cansancio
y el dolor de tus pasos sobre el rodar del tiempo...
mientras te ibas curvando, arco-iris de refajos,
bajo un sol de ilusiones y lluvias de silencio.
¡Tierra india, desposada del Trópico
en un rito solemne; ceñida de misterios
vas quemando optimismos ante el dios de las eras
en el sagrado pom de los ideales;
y te ofrendan tu voto de oro, las gavillas;
y un velo de azahar, los cafetales”.
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