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El agobiante viaje en un bus de Llano Largo
Por:
Olga López
Miedo, desconfianza y nerviosismo se reflejan en el rostro de Marta Ramírez, quien sube por la parte trasera de un bus de la ruta de Llano Largo, zona 25.
Antes de sentarse, observa a los pocos pasajeros que viajan en el autobús.
Su temor no es para menos, pues en las últimas semanas en este trayecto los pandilleros han asesinado a dos pilotos y dos ayudantes que se opusieron a la extorsión de que eran objetos.
También ella ha visto de cerca cómo los pandilleros abordan el bus a cualquier hora y lugar para exigir dinero.
A la buena de Dios
“Antes de subir a la camioneta, lo primero que hago es rezar y pedir a Dios que me proteja de cualquier asalto”, expresa.
Mientras avanza la unidad siguen subiendo más pasajeros, quienes buscan los primeros asientos y que estén vacíos. Quienes no tienen esa suerte, primero observan qué tipo de persona será su compañía en el viaje. Si no les parece su aspecto, se ubican en los asientos traseros.
De repente suena el celular de un usuario que viaja en la parte trasera, quien habla en tono fuerte. Esto provoca intranquilidad en los pasajeros, que voltean a ver una y otra vez.
Dolores Boel piensa que podría tratarse de un asalto, por eso no puede evitar mirar. “No hay tranquilidad en el trayecto, pues son seguidos los asaltos en los buses”, manifiesta.
Por esta situación, María Estrada prefiere viajar sola que exponer a sus nietos que muchas veces desean acompañarla.
Un sospechoso
Continúa el recorrido. De repente suben a la unidad dos hombres, uno de ellos con aspecto poco confiable y quien se sienta en uno de los asientos de atrás. Esto provoca que los pasajeros se sientan de nuevo nerviosos.
El sujeto no deja de mirar al reportero gráfico de este matutino. El individuo se esconde cuando es enfocado con la cámara. Luego, con su teléfono celular, empieza a enviar mensajes.
Algunos pasajeros se mantienen alerta, otros prefieren bajarse antes de ser víctimas de otro asalto.
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