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La poesía escrita, escrita por una antipoeta
Carolina Escobar Sarti publica nuevo poemario
Por:
Juan Carlos Lemus
Según se vea, cada signo es por sí solo toda una metalingüística.
Algo así sucedió con las teorías (más bien hipótesis) acerca del tamaño de universo: cuando los científicos encontraron sus propios topes, se los atribuyeron a su objeto de estudio, entonces, afirmaron: “el universo es enorme, pero tiene que tener un fin, por lo tanto, en realidad, hay más de un universo, y varios universos suman un metauniverso”.
La profundidad de la existencia es inconmensurable. De igual manera, cada palabra y cada signo de cada palabra tienen su propio universo. Explicar esto es imposible para los científicos, pero es posible para la poesía.
Así lo demuestra Carolina Escobar Sarti en su más reciente libro, titulado No somos poetas. “Los poetas somos apenas arqueólogos en oscuras cavernas”, dice. Su libro tiene una filosofía del Ser, inherente tanto a los creadores como al resto de la humanidad. Y en su libro arma una hermosa paradoja: Escobar Sarti crea la poesía negándose a ser creadora de poesía.
Contrario a lo común, cuando el poeta pretende que todo cuanto ha salido de computadora o lápiz está destinado al reino de la poesía.
El tono aforístico de No somos poetas lo ubica en un sitial paradójico y privilegiado al que llamaremos la cima profunda, a la cual pertenecen poetas serios (Paz, Borges, Cardoza, etcétera), y que están alejados del berrinche urbano, del soma de cantinas o de la estética por la estética misma.
Nos dice, por ejemplo: “En ti poseo todo/ y nada me pertenece”, o bien: Sólo somos tiempo (...) No poetas/ sino duración de lo que cambia/ y se mueve”. Si ha habido antipoesía escrita por poetas, cómo no habría de existir la poesía escrita por una antipoeta.
La escritora hace que los monarcas y los patriarcas se resuman a pobres objetos de su afirmaciones: “Yo confieso (...) que maté al padre. (Firma:) Freud/ (yo confieso) que le copié todo a Freud. (Firma:) Lacan”. Los paréntesis son míos.
Decía León Felipe que los salmos son textos que los poetas dimos en préstamo a los sacerdotes. Efectivamente, la poesía comenzó a ser escrita desde el Génesis, y aún no termina de ser convocada al lenguaje.
Esto lo entiende y afirma perfectamente Escobar Sarti cuando dice que el poema es “una carta interminable/ que continúa escribiéndose/ se interrumpe/ (cuando tocan a la puerta)/ pero no termina/ ni después de la muerte/ ni después de pasmosos epitafios/ o soberbios testamentos”.
Su libro -lanza contundente- ha sido parido desde un corazón evidentemente maduro.
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