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Nunca es tarde para aprender
Adultos mayores apuestan por la superación, y ahora que tienen tiempo deciden continuar sus estudios y se convierten en ejemplo para muchos
Por:
Olga López
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| Los adultos mayores acuden puntualmente cada sábado a sus clases en la Universidad Galileo. Foto Prensa Libre: María Fleischmann. |
La edad no ha sido impedimento para que 14 adultos mayores continúen estudios universitarios. Después de haber pasado inactivas durante décadas, estas personas reiniciaron hace siete años en la Universidad Galileo, con la idea de obtener un diplomado en negocios.
La iniciativa de esa casa de estudios surgió con el propósito de proporcionarles a las personas de la tercera edad mejor calidad de vida, refiere Lourdes Villaseñor, directora del programa.
Al principio, los adultos mayores llegaban a la Universidad sólo para entretenerse, pues se sentían solos y deprimidos, pero luego cambiaron de actitud y decidieron estudiar formalmente.
Cuando las autoridades universitarias vieron que estas personas deseaban afianzar sus conocimientos, les dieron la oportunidad de estudiar la licenciatura en Informática y Administración de Negocios, que concluyó en el 2006.
Pero su afán de superación no quedó ahí; la mayoría siguió estudiando y se matriculó en un posgrado en reingeniería y comunicación. Los únicos requisitos que debían cumplir para ingresar al programa era tener más de 50 años y un título de educación media.
Actualización
“Me gusta estudiar, pues creo que es la única manera de obtener mayores conocimientos y estar actualizada”, expresa Betty de González, quien, a sus 60 años, no ha tenido ninguna dificultad para ingresar de nuevo en una aula. Aunque al principio dudó, luego decidió inscribirse en el programa, pues sabía que era una oportunidad para reiniciar sus estudios.
Para Thelma Cienfuegos, los siete años de estudio han sido satisfactorios, pues ahora tiene otra visión de la vida. “Lo que he aprendido lo he puesto en práctica en mi negocio, y cuento con el apoyo de mis hijos y nietos”, refiere. Recuerda que pensaba que a sus 59 años ya no sería capaz de adaptarse a una vida de estudiante, pero ahora está segura de que nunca es tarde para aprender.
Aprende y enseña
Gloria de Arreola, otra de las estudiantes mayores, dice que entrar de nuevo a la universidad le ha ayudado para compartir sus conocimientos con sus hijos, nietos y bisnietos.
“Ahora me siento más útil, pues puedo ayudar a mis nietecitos en sus tareas”, refiere. Es maestra de educación primaria, pero dejó de ejercer cuando se casó, a los 23 años.
Alfonso Calderón, de 53 años, cuenta que estudiar le ha significado dejar algunas actividades de negocios, pero asegura que es más importante el aprendizaje. Su esposa, Delfina de Calderón, también lo acompaña en la meta que se ha propuesto, y cada sábado van juntos a clases.
Capacidad
Los catedráticos también han tenido una nueva experiencia al trabajar con este grupo de adultos mayores. “La edad no ha sido obstáculo para estas personas, quienes han demostrado que son capaces de aprender. He encontrado en ellos disposición, aptitud y pasión por estudiar”, aseveran.
En su opinión, son un ejemplo a seguir por los jóvenes, para que no abandonen sus estudios.
Este programa cuenta con 70 estudiantes, divididos entre el técnico, la licenciatura y el posgrado.
María González: Perseverante
“Cuando me contaron de este programa, me entusiasmé, aunque al principio me surgió la duda de si sería capaz de sacar una carrera después de más de 30 años de no estudiar”, cuenta.
Pese a ese temor, María ha logrado ser una de las mejores estudiantes de su grupo. Prueba de ello es que recibió una condecoración por sus esfuerzos, en el acto de graduación que se efectuó ayer por la tarde.
No pudo ocultar su emoción y expresó que lo que creía un sueño se había convertido en realidad, al obtener el título de licenciada en Informática y Administración de Negocios.
Alfonso Ayala: Activo
“Sigo estudiando para adquirir nuevos conocimientos y prepararme para mi trabajo”, expresa Alfonso Ayala, quien, a sus 87 años, considera que debe seguir afianzando sus conocimientos.
Él trabaja en bienes raíces, y lo que ha aprendido en la universidad lo ha puesto en práctica en su trabajo.
“No tengo necesidad de trabajar y estudiar, pero lo hago porque me gusta y me mantiene activo”, manifiesta.
Pese a su edad, Alfonso es una persona activa, que todos los días se levanta a las 6 horas.
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