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LA BUENA NOTICIA Parroquia de Jutiapa
Hacia una parroquia, comunidad de discípulos misioneros.
Por:
Víctor M. Ruano
Con el inicio del año litúrgico acontece el comienzo de una nueva etapa en la parroquia de San Cristóbal, Jutiapa, de tal manera que el tiempo de Adviento es el marco teológico-litúrgico para situar e interpretar ese nuevo período que vivirán las comunidades católicas de esta región suroriental del país.
Adviento es tiempo de gozo y esperanza, alegría y novedad, y es expectativa ante algo grande que va a acontecer. Es también camino que lleva a buen fin, búsqueda de metas más dignas y necesidad de un cambio profundo para construir tiempos mejores.
Ante todo, es un itinerario de fe y amor que conduce hasta la gruta de Belén, para contemplar, asombrados, a Dios, que viene a nuestro encuentro en la hermosura de un niño que llega como anuncio gozoso e inauguración de un tiempo nuevo para el mundo.
En este contexto de hermenéutica existencial se sitúan las comunidades cristianas de Jutiapa, al interpretar el actual monto histórico de transición, de un período marcado por la fecunda presencia franciscana, a la nueva etapa que comienza bajo la responsabilidad de los presbíteros diocesanos.
Hace poco, mientras me encontraba en el Instituto Teológico Pastoral para América Latina, en Bogotá, en este mismo espacio me referí a la cualificada acción misionera de los frailes franciscanos en este departamento, la cual constituye verdaderamente un tiempo de siembra, de grandes esfuerzos y de gran confianza en los designios de Dios, que ha comenzado a dar buenos frutos (21-10-07).
Hoy quiero hacer más evidente esa cosecha, pues entre algunos de los resultados que merecen destacarse está la madurez de laicos y laicas para vivir la transición, lo que muestra una actitud cordial, abierta al futuro, con esperanza, y ofrece su disponibilidad para la evangelización; contar con una “parroquia organizada, solidaria y misionera”, como indica su plan pastoral para el próximo quinquenio; mostrar el rostro de una iglesia viva, dinámica, por el incremento de vocaciones, ministerios y carismas; una iglesia comprometida, que camina en dirección del reino y con incidencia en la vida de la sociedad jutiapaneca.
Una parroquia así muestra las condiciones óptimas para que el relevo sea asumido por el presbiterio diocesano y, sobre todo, abre el camino para imprimirle un rostro autóctono a la Iglesia particular que ha de nacer.
La nueva etapa que comienza la parroquia de Jutiapa estará marcada por el compromiso de darle continuidad al proceso pastoral diseñado en el Plan Orgánico de Evangelización, y animado por el pensamiento y la espiritualidad franciscanos; asimismo, por la novedad que presenta el proyecto Aparecida, que centra su atención en el nuevo sujeto llamado “discípulo misionero”, caminaremos “hacia una parroquia comunidad de discípulos misioneros” (DA 203).
Como Iglesia Católica en Jutiapa, deseamos vivir esta nueva etapa y el tiempo de Adviento en comunión y solidaridad con todos los que anhelan y luchan por un mundo más justo y fraterno, y que, gracias a Dios, son numerosos.
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