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Guatemala, domingo 02 de diciembre de 2007

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Nacionales

Crecen y juegan entre la basura
Niños aprovechan de restos de comida para alimentarse
Por: Carlos Menocal

Foto de portada
Descanso y trabajo. – José López, de blanco, descansa junto a otros tres menores. (Foto PL: Emerson Díaz).

Mientras José López, de 14 años, descansa a la espera de que llegue un camión de basura, otros niños juegan a su alrededor.

Este muchacho ha dejado la escuela y, desde hace años, se dedica a clasificar desechos en el vertedero de la finca Florencia, donde se arroja la basura y desperdicios de los habitantes de Antigua Guatemala.

José es un adolescente delgado, moreno y menudo. Viste una bata cuando recolectar basura. “Llegué a primero primaria, porque me quedé sin padres. Ahora trabajo para una señora que me compra cartones en la aldea Pastores”, explica.

Al igual que él, más de 20 niños en el basurero de Antigua merodean y se aprovechan de restos de comida para alimentarse.

A diario, la ciudad colonial descarga 15 toneladas de basura, que son recolectadas por una docena de camiones pesados que ingresan en Antigua sin ninguna restricción. Niños y jóvenes son los encargados de acarrear cubetas, costales y bolsas.

El basurero es un sitio de trabajo, pero también de diversión. En medio de papeles, plástico, licor y botellas de cerveza, los niños juegan futbol, vuelan barriletes y se entretienen con cajas de cartón. Son reacios a hablar, y los adultos prefieren no opinar sobre su presencia.

Jenny es una niña inquieta, de 8 años, quien, al observar cámaras, se enoja, se molesta, grita y evita ser fotografiada. “Yo no quiero, porque mis amigos me molestarán después de que salga en la Prensa”, grita a todo pulmón.

Ella y sus compañeritos pasan todo el día el en vertedero. El encargado de ese lugar, que prefirió omitir su nombre, explica que en período escolar está prohibido el ingreso de niños, pero en época de vacaciones no se puede evitar pues éstos acompañan a sus padres en la labor de recolección y clasificación de basura.

Una madre recolectora, a cambio del anonimato, confiesa que vive sola junto a sus cuatro hijos, y que tres de ellos le ayudan a juntar cartón, el cual venden a Q3 el quintal.

Cuenta que, a la semana, gana Q150, si logra juntar 50 quintales de ese material. “Es un chance cansado, pues aquí venimos desde las 10 de la mañana y nos vamos a las 3 ó 4 de la tarde. Lo difícil es remover la basura para clasificar el cartón que está bueno”, dice, mientras se lleva a la mejilla una mano manchada y con alergia.

Los recolectores saben que el basurero de Antigua está por colapsar y, pese a ello, se arriesgan día a día. Los niños no lo saben. Además de jugar, clasifican vidrio, papel, cartón y nailon. Entre bromas, empujones y travesuras, ayudan a la economía de su familia, pero les falta algo esencial: alguien que los ayude a ellos.

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