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Horrores idiomáticos y algo más...: Adiós al año viejo
Por:
María del Rosario Molina
Otro año se nos va sin sentirlo: el tiempo vuela y las hojas del calendario se dispersan y se pierden, como las de los árboles en el otoño de las zonas templadas, en donde el Sol no llega nunca al cenit.
En Guatemala, “país de la eterna primavera”, las estaciones no se marcan gracias a su cercanía al ecuador. No hay inviernos rígidos que cubran de nieve las ciudades ni los campos, ni nos fuercen a los habitantes a usar calefacción para no morir de frío.
En otoño los árboles siguen llenos de hojas verdes, que siempre alegran los bosques, las selvas húmedas y los jardines.
La primavera, tal como lo dice la frase que mencioné arriba, creo que ideada por Francisco Montenegro Sierra para ser el eslogan de “Guatemala Flash”, un noticiero que a los jóvenes se les antoja viejo, es eterna: Aquí hay florescencia todo el año. La tierra es siempre fértil y devuelve convertida en frutas y flores cuanta simiente recibe, ya sembrada de intención, ya tirada al acaso.
Y el verano no trae calores agobiantes que nos hagan refugiarnos en el frío artificial de las casas, como sucede en los países en que sí es asolador. ¡Bendito terruño el nuestro, obra de un Dios inspirado!
Pero hete aquí que Madrastra Naturaleza es implacable, y como el hada mala del cuento de la Bella Durmiente quiso echarle un maleficio: La hizo parte de los “cinturones de fuego”. Por eso a veces, el suelo se estremece y la fuerza de las ondas sísmicas tira por tierra las edificaciones.
Los volcanes se deslavan (mesoamericanismo por ‘se derrubian’) y causan aludes de lodo, v.gr. el que destruyó Ciudad Vieja en septiembre de 1541. También hacen erupciones tremendas. La lava que arrojan forma “malpais” (salvadoreñismo: tierras incultivables) y la arena y la ceniza arruinan no pocas cosechas.
Tampoco dejó libres las costas y las “bocacostas” (tierras que del altiplano o de la meseta central descienden vertiginosa o lentamente de altitud al acercarse a las planicies costeras), que asuelan los huracanes. Y permite que los ríos se salgan de madre en la estación lluviosa. Pero eso sucede también en otras latitudes, no tan benévolas como la nuestra.
De vuelta al año que ya dice adiós, fue más bien leve en lo que se refiere a los fenómenos de la naturaleza, no así respecto de las condiciones sociales. Los hospitales públicos necesitan presupuestos adecuados para funcionar.
La educación está en pañales: hacen falta miles de escuelas dotadas del equipo necesario y de un plan de estudios acorde con nuestras necesidades (¿de qué sirve enterarse de dónde nace el Nilo y de cómo se calcula el perímetro de un círculo, si no se sabe cuánto debe hervir el agua para matar las amebas?).
Y a la incesante criminalidad hay que ponerle un freno drástico.
Espero que en el 2008 el nuevo gobierno “se amarre los pantalones” (que sea firme y enérgico) y mejore la calidad de vida de la población guatemalteca.
¡Feliz 2008 a todos!
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