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Guatemala, domingo 11 de marzo de 2007

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Opinión

EDITORIAL
Más dudas en torno a desprestigiada PNC

Desde hace meses, la Policía Nacional Civil (PNC) se ha visto envuelta en controversias y ha recibido fuertes señalamientos y críticas, mientras que su credibilidad ante la población ha llegado a los niveles más bajos, al extremo de que sus agentes, en vez de dar seguridad, atemorizan a la población.

Ha quedado absolutamente claro que los grupos del crimen organizado han logrado infiltrarse en las filas de la PNC, como también ha sido evidente el frustrado esfuerzo por depurar a una institución que está llamada a proteger a los ciudadanos, como parte de la responsabilidad del Estado de garantizar los derechos individuales y colectivos de las personas.

Hay numerosos y bien documentados casos sobre agentes que integran bandas de secuestradores, asaltantes, extorsionadores y del narcotráfico, pero poco o nada han avanzado los procesos judiciales, mientras que los policías sobre los que hay sospechas ni siquiera pueden ser destituidos, por un anacrónico sistema legal que protege a los corruptos.

Pero las más altas autoridades no han salido bien libradas de todas estas controversias, y más pareciera que se trata de una batalla aislada que libra el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, mientras que en la cúpula de la PNC hay más encubrimiento que intención de aclarar las cosas.

La gota que ha derramado este vaso de porquería policial ha sido el asesinato de los tres parlamentarios salvadoreños y su piloto, seguido del crimen contra los cuatro “destacados” elementos de la PNC que participaron en ese horrendo hecho y que habían sido detenidos y recluidos en una cárcel de “alta seguridad”, de la que no pudieron salir con vida.

En ese momento las dudas de políticos, el Procurador de los Derechos Humanos y la ciudadanía en general llegaron al más alto nivel, sobre todo, porque más parece una acción para callarlos internamente, que una acción de represalia de las maras, como apunta la versión oficial.

Pero como si toda esa controversia fuera poca, ahora resulta que el director de la PNC, Erwin Sperisen, es sorprendido por la Prensa nacional con la contratación ad honórem de personal civil, al que se le permite no sólo portar armas de la institución, sino que además participa en los operativos, como el realizado el año anterior en Pavón, que también es investigado por el MP, por posibles ejecuciones extrajudiciales.

La población en general presencia estos acontecimientos con absoluto asombro. ¿En qué país del mundo se permite a ciudadanos, supuestamente “comunes y corrientes” que operen como policías, sin tener, por lo tanto, la obligación de responder ante autoridades superiores por los abusos que puedan cometer?

La lucha contra la inseguridad se está perdiendo con claridad. El crimen organizado, el narcotráfico y las maras parecen ganar todas las batallas, y lo peor de todo es que la PNC parece incapaz de realizar una autodepuración, mucho menos enfrentar a los delincuentes.

Tras la visita del presidente George W. Bush a nuestro país, la controversia sobre la inseguridad volverá, y la PNC seguirá en el ojo de un huracán de críticas que pide cambios drásticos.

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