|
LA BUENA NOTICIA Metánoia
Bien sabe el Maestro que humanamente superficializamos el sentido de los hechos cotidianos, incluso de los más terribles
Por:
Víctor Hugo Palma Paúl
Pariente morfológica de “metamorfosis” (=cambio de forma) y de “metempsicosis” (=cambio de estado espiritual) entre otras, la palabra “metánoia” es definitivamente el centro de la urgencia de Cristo según el Evangelio de este Tercer Domingo de Cuaresma.
Y es que “metánoia” se traduce directamente como “cambio de mentalidad”, de modo de ver las cosas pero también a Dios y al prójimo: no considerar a Dios como el limitante de la libertad y realización humanas o al prójimo como el eterno rival.
Vivir la “metánoia” es así una tarea difícil, pues en lo más profundo de la persona están sus ideas, sus convicciones, y si bien en la actualidad parecen predominar los sentimientos, no se puede olvidar lo que ya decía Nietszche “al final son las ideas las que poco a poco, tal vez a paso de paloma, mueven al mundo”.
Y si no, ya se nota cómo en la página evangélica de hoy, ante un hecho de violencia cometido por Pilatos, las gentes van a Cristo para escuchar de él lo que desean en su mentalidad: una condena del sistema de opresión romana, una crítica al déspota, y se encuentran en cambio una invitación a ver los acontecimientos de manera más profunda; incluso él cita un accidente lamentable —el derrumbe de una torre y la muerte de varias personas— como llamados a la reflexión y al cambio.
Bien sabe el Maestro que humanamente superficializamos el sentido de los hechos cotidianos, incluso de los más terribles, buscando causas y efectos a la medida de nuestras convicciones sin incluirnos en la responsabilidad de lo que sucede. Al final nos acostumbramos a ellos y los hacemos parte del paisaje, pues la indignación y la condena son siempre momentáneas y enemigas del caminar lento pero seguro de la razón y el compromiso.
Metánoia es por tanto pasar del enterarnos e indignarnos por la violencia o la tragedia a buscar razones más profundas que incomodan, a salir de la mentalidad “mecanicista” (“así debe ser, los demás son peores, no ocurrió el milagro ofrecido”) a la inclusión en la situación de alrededor ¿qué exige de mí todo esto, cómo participaré en el cambio del mal al bien, de la mentira a la verdad, de la injusticia al amor?
El texto sagrado se cierra con una pequeña parábola de “advertencia”: por intercesión del viñador, el dueño de una higuera estéril le deja “un año más de oportunidad” para dar el fruto debido. Sin duda es el tiempo para vivir la “metánoia” e intentar con ayuda de la gracia del dueño de la viña esa transformación del pensamiento: de lo contrario el fruto nunca llegará para frustración de quienes en silencio y tal vez bajo nuestro mismo techo o cielo nacional, esperan con todo derecho un cambio en nuestra vida.
|