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Todavía en casa
Debido, bien a la precariedad de los salarios o a la dificultad emocional que supone separarse de los padres, el 63.3 por ciento sigue viviendo en casa de sus progenitores, frente al 36.8 que no lo hace.
Aparentemente esta es una situación impuesta por las circunstancias, ya que el 48 por ciento preferiría ser independiente. El 37.8 por ciento asegura que la razón más habitual para continuar en la vivienda familiar es que los padres no quieren que se vayan. En el área rural este porcentaje alcanza el 42.8.
El 30.6 afirma que no se va porque las casas están muy caras. Lo que llama también la atención es que el 51.1 por ciento asegura que tiene las mismas costumbres que sus padres.
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