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Guatemala, domingo 11 de marzo de 2007

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Nacionales

Primero negligencia, y luego, indiferencia
Habitantes del barrio San Antonio exigen acciones
Por: Gabriela Barrios

Foto de portada
Esta foto fue tomada el viernes recién pasado, desde el edificio de la empresa Litegua. Buena parte del terreno que rodeaba el área del desastre ha desaparecido, y el hoyo no deja de crecer, sin que ninguna autoridad tenga hasta ahora soluciones concretas. Foto Prensa Libre: Erlie Castillo.

Han transcurrido 17 días desde que los retumbos en el barrio San Antonio, zona 6, se transformaron en un boquete que no deja de crecer. Mientras, las autoridades se trasladan unas a otras la responsabilidad y apenas analizan las acciones por tomar, los vecinos demandan soluciones concretas antes de que llegue el invierno y la emergencia cobre dimensiones inimaginables.

San Antonio ya no es el mismo, la vida en el barrio cambió de un retumbo, cuando la tierra se abrió y, de una forma escalofriante, cobró la vida de tres vecinos y se llevó la estabilidad de cientos de familias, que viven en la zozobra y temen que lo ocurrido la noche del 22 de febrero pueda repetirse.

El enorme agujero que se abrió en la 6a. calle y 24 avenida, de la zona 6 se hace cada vez más grande conforme transcurren los días. Las grietas que se han formado alrededor no son buen presagio, pero hasta ahora nadie tiene explicaciones y tampoco soluciones.

Mientras las autoridades involucradas se señalan unas a otras como responsables del problema y sus soluciones, a los vecinos se les agota la paciencia.

Luego de 17 días, nada está claro. El acuerdo gubernativo que declara estado de calamidad pública no ha pasado de ser un borrador, a pesar de que el mismo Congreso de la República instó al presidente a tomar esa determinación.

Pero, como dicen los vecinos, si durante meses nadie quiso escucharlos y tomar en serio las denuncias de que la tierra se movía y los retumbos debajo del suelo eran cada vez más fuertes, hoy se sienten abandonados e impotentes.

“Ni un piochazo… ni un tractor trabajando, nadie que nos diga qué va a pasar, qué van a hacer, quién va a responder por lo que pasó”, dice José Ortiz, en representación del comité de vecinos, uno de los pocos que aún residen en la zona naranja y cuya casa está a escasos 60 metros del boquete, que no deja de crecer y que ha comenzado a emanar olores fétidos.

Todos coinciden en que no hay tiempo que perder. En dos o tres meses comenzará el invierno, y si no se toman medidas pronto, las consecuencias podrían ser fatales.

Ni causas ni soluciones

Como si los remezones de la tierra no fueran suficientes, la desinformación atormenta a los vecinos.

Son pocos los que volvieron al sector que la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) decretó como zonas naranja y amarilla, y aún menos los que se animan a pasar la noche allí.

“Talvez como la tragedia ocurrió de noche, nos quedó ese miedo”, expresa Marina de Aguilar, quien llega a su casa durante el día y por la noche duerme en la de uno de sus hijos.

A ella, como a la mayoría de vecinos, lo que les indigna es la falta de información certera y las preguntas que hasta ahora nadie se ha atrevido a responder: ¿qué fue realmente lo que ocasionó el hundimiento?, ¿quién es el responsable de lo sucedido?, ¿cuándo comenzarán los trabajos de reconstrucción?, ¿cuánto tiempo tomará?, ¿cuánto más podría extenderse el daño?

En busca de esas respuestas, decenas de damnificados de la zona roja que viven en el albergue temporal habilitado en el salón de eventos de la Policía Nacional Civil, zona 6, así como los propietarios de terrenos e inquilinos, llenaron el jueves el Salón del Pueblo del Congreso, en donde las autoridades involucradas, a excepción de la Municipalidad capitalina y Empagua, habían sido citadas por la diputada Anabella de León. Aunque algunos aspectos se aclararon, nadie habla de soluciones concretas, porque al parecer no hay quien las tenga.

Pocas respuestas

Eddy Sánchez, director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), descarta públicamente que la causa del hundimiento haya sido una falla geológica, y también confirma que no se trata de un relleno. Indica además que, como presidente del Consejo Científico de la Conred, ha solicitado que se efectúen nueve perforaciones para exploración a 65 metros de profundidad, para conocer el estado del suelo en el barrio San Antonio, y corroborar o descartar la existencia de más cavernas.

En el informe entregado por Sánchez se establece que el hundimiento se debió a “un proceso de tubificación”.

Las conclusiones del ministro de Comunicaciones, Francisco Unda, van en la misma dirección. Asegura que esto no ocurrió de la noche a la mañana. “Es un accidente que se pudo haber prevenido, pues ese colector tiene más de 25 años de haberse construido”, afirma.

Según el funcionario, al construir y asfaltar las calles del barrio San Antonio se taparon los accesos o entradas a los pozos, y eso evitó que la Municipalidad se diera cuenta del problema, de la misma forma que complicó que la revisión de los colectores se llevara a cabo de forma ágil.

Unda asegura que la declaratoria de calamidad pública en el área está en proceso y que, una vez cumplido este paso, se podrán asignar fondos a la Municipalidad para que se encargue de resolver el problema.

“Quiero dejar claro que la jurisdicción de la construcción de colectores es exclusiva de la Municipalidad de Guatemala. Es la única que ha hecho colectores para el tratamiento de aguas residuales. El presidente Berger nos ha dado la orden de ayudar económicamente a la Municipalidad, pero son ellos los que, entiendo, buscan una solución al problema, que podría ser un colector paralelo”, asegura Unda.

¿Q18 millones?

Días antes, el presidente Óscar Berger dijo a los medios que ya tenía un informe del Ministerio de Comunicaciones en el que se requerían alrededor de Q18 millones para los trabajos en el barrio San Antonio, y que el Gobierno estaba en la mejor disposición de aportar Q9 millones.

Al requerir el informe a Unda, aclaró que lo que existe es un presupuesto preliminar elaborado por la empresa Geosimsa, cuyo representante es el ingeniero Sergio Aycinena.

“Lo que hay es un antepresupuesto basado en una posible solución, y el costo contempla cuatro pozos de visita, aproximadamente de 50 metros de profundidad y 250 metros del colector.

Lo más caro es el relleno, que se estima en cien mil metros cúbicos, y se piensa utilizar lodocreto, que es un material adecuado para ese efecto.

Se han tenido pláticas con Cementos Progreso, y ellos están en la mayor disponibilidad de apoyar, pero esto todavía hay que negociarlo”, explica.

Calamidad tras calamidad

En medio de la incertidumbre que generan las constantes amenazas de que el albergue cerrará y que la zona de riesgo sigue expandiéndose cada vez más y el puesto de control de la Conred ha recomendado la evacuación de más familias, los propietarios de terrenos temen que si en realidad llegara a declararse el estado de calamidad pública, las autoridades puedan disponer de las propiedades y luego nadie les responda, a diferencia de lo que ha sucedido con los inquilinos, que recibirán de parte del Fondo Guatemalteco de la Vivienda Q16 mil 500 como subsidio.

No falta quien asegure que la lentitud con que se ha tomado el problema se debe al comienzo de un nuevo pulso entre la Municipalidad capitalina y el Gobierno, y que hasta ahora las pocas soluciones han sido iniciativas de entes externos, como la constructora Codico y el grupo Litegua, uno de los afectados, que colaboró con Empagua en la tarea de hacer un desvío (by pass) hacia el colector de la 4a. calle y que el hoyo pudiera secarse.

La Sociedad Geológica aceptó la invitación del Consejo Científico de la Conred para llevar a cabo un análisis del área, encabezados por Julio Luna, presidente de dicha asociación. Pero el tiempo es el peor enemigo y, como dice Hugo Briones, otro residente de la zona afectada: “Estamos a la mano de Dios, y sólo él sabe si comenzará a llover mañana, en un mes o en dos, y esto se convierta en otra catástrofe”.

Angustia: “Porque Dios es lindo”

José Israel Rivera sabe que él y su familia están vivos por un milagro. Actualmente, duerme en el albergue, y en el día trabaja en un taller de herrería ubicado a dos cuadras de donde vivía.

La casa que ocupaba con su esposa y sus cuatro hijos desapareció. La noche del 22 de febrero, cuando escucharon el estruendo, Israel quiso salir, pero ya no había suelo por donde caminar. “Logramos salir por arriba, por unas láminas. Sólo porque Dios es lindo estamos vivos”, asegura.

Testimonio: “Era como tener el mar bajo los pies”

Carlos Gutiérrez es zapatero; en el barrio todos lo conocen como Carmelito. Creció en San Antonio, y aún recuerda con espanto los retumbos que antecedieron al hundimiento. “Era como tener las olas del mar bajos los pies. Si bien ya no hay más retumbos después de lo sucedido, asegura que lo que se siente ahora son algo que él define como “sentones”. “Es como si la tierra se fuera para abajo”, cuenta.

Empagua: “Tiene que ser un problema nacional”

Hugo Vásquez, subdirector técnico de la Empresa Municipal de Agua (Empagua), es enfático al señalar que lo sucedido en el barrio San Antonio no puede tomarse como un “problema municipal”, sino nacional.

“Tan sólo con la incidencia que tiene en el corto plazo en la carretera CA9, que es responsabilidad del Estado y que está amenazada, a tan sólo 35 metros de distancia del hoyo, este es un problema nacional que si no se resuelve en los próximos tres meses, vamos a lamentarlo grandemente”.

Vásquez añade que lo sucedido en el colector no es una falla estructural, sino algo que no es común y que respondió a factores externos.

“No es posible que nadie visualizara que había una caverna; lo que hemos encontrado es que el material sigue derrumbándose cada vez más”, explica.

Empagua afirma que a 25 metros del hundimiento se han encontrado afloramientos de agua subterránea, y esto también pudo saturar y precipitar la tierra, pero esos serán elementos que tendrán que aclarar las comisiones del consejo científico de Conred.

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